Mirar la pantalla de cotizaciones este viernes 6 de febrero no provoca enojo, sino una profunda lástima. Ver una acción argentina, que supo ser la abanderada de nuestra innovación, perforando el piso y cotizando a US$0,56, es un golpe de realidad que duele en el orgullo nacional. ¿Cómo es posible que el sueño del unicornio biotecnológico se haya desinflado hasta valer menos que un caramelo en un kiosco?.
No escribo esto desde la crítica fácil del que mira "con el diario del lunes", sino desde la sorpresa genuina y la preocupación de quien entiende que el éxito de Bioceres era, en parte, el éxito de todos. Pero la pizarra del Nasdaq es implacable y no entiende de patriotismos: al caer por debajo de la barrera psicológica y regulatoria de US$1, la compañía entró en la zona de riesgo de desliste. Si se mantiene así durante 30 ruedas —y la tendencia es una caída libre—, la expulsión del mercado más prestigioso del mundo deja de ser una pesadilla lejana para convertirse en una posibilidad administrativa concreta.
Cuando la ambición le gana a la gestión: la trampa de la expansión a cualquier costo
Hay una lección dolorosa que, como comunidad de negocios, debemos tatuarnos: la innovación científica no garantiza la solidez financiera. Bioceres llegó a valer US$900 millones en 2022, impulsada por la promesa del trigo HB4 y una expansión agresiva. Pero, ¿nos dejamos encandilar por el brillo de las luces de Nueva York y olvidamos mirar la caja? La caída a una capitalización de apenas US$53 millones nos grita que el mercado castiga severamente cuando la estructura de capital no acompaña la visión estratégica.
El caso de ProFarm Group es el ejemplo más triste de esta gula corporativa. Se pagaron US$243 millones en 2022 por esta unidad en Estados Unidos, y hoy se pierde el control de la misma a manos de acreedores por una deuda de US$55 millones. Lo más chocante es que los nuevos dueños valoran el activo ejecutado en apenas US$15 millones. Comprar caro, financiar con riesgo y perder barato. ¿No es acaso el manual de lo que no debemos hacer si buscamos un crecimiento sostenible?
El propio Federico Trucco, CEO de la firma, admitió que el tiempo de las "tasas negativas" y el dinero fácil se terminó. Fue una admisión honesta, pero tardía. La dependencia de condiciones financieras excepcionales y de un mercado interno distorsionado por la brecha cambiaria creó un gigante con pies de barro. Y cuando el viento cambió, la estructura crujió. El default de pagarés bursátiles en el mercado local no es solo un problema financiero; es una herida a la confianza del inversor argentino que apostó sus ahorros al desarrollo nacional.
Separar la paja del trigo: por una biotecnología seria y rentable
Ahora bien, sería un error garrafal meter a toda la industria en la misma bolsa. La ciencia argentina es de elite y este tropezón financiero de un jugador, por importante que sea, no invalida el potencial de nuestro ecosistema. Hay decenas de empresas de biotecnología en el país que crecen paso a paso, con balances ordenados, sin obsesionarse con tocar la campana en Wall Street antes de tiempo, sino enfocadas en generar flujo de caja real.
Bioceres parece haber entendido el mensaje, aunque a un costo altísimo. El anuncio de abandonar la producción y venta directa de semillas para transformarse en una empresa de licencias y tecnología es un baño de humildad. Al ceder la gestión comercial a socios como GDM y Natal Seeds, la empresa intenta volver a su esencia: el laboratorio, la genética, la innovación. Es un "barajar y dar de nuevo" forzado por las circunstancias.
¿Podremos aprender de esto? La moraleja para el empresario pyme, para el emprendedor y para el inversor es clara: el crecimiento no puede ser una carrera desenfrenada alimentada por deuda. El verdadero éxito no es ser un "unicornio" de papel, sino construir compañías resilientes, que puedan capear temporales sin poner en riesgo su existencia ni el capital de sus acreedores. Ojalá Bioceres pueda reconfigurarse y salir a flote, no solo por ellos, sino para demostrar que se puede corregir el rumbo. Pero que nos quede claro: la seriedad financiera es tan importante como la excelencia científica. Sin la primera, la segunda corre el riesgo de quedar en la nada.

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