Duro golpe para la IA: las acciones se desploman y aparece una nueva amenaza

El sector tecnológico comenzó la semana con fuertes bajas, especialmente entre empresas vinculadas a chips, memoria y centros de datos

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Resumen Ejecutivo

  • Las acciones vinculadas a la inteligencia artificial sufrieron caídas de hasta el 8% en Wall Street ante dudas sobre la sostenibilidad de las inversiones en infraestructura.
  • Líderes de la industria como Anthropic, OpenAI y Tesla advirtieron sobre la necesidad de desacelerar el avance de la IA, impactando en proveedores de chips.
  • El barril de petróleo Brent subió a u$s 107, sumando presiones inflacionarias globales y reforzando las expectativas de una suba de tasas por parte de la Fed.

La fiesta bursátil alrededor de la inteligencia artificial empieza a mostrar señales de agotamiento. Las acciones vinculadas al desarrollo de esta tecnología registraron fuertes pérdidas en las operaciones previas a la apertura de Wall Street, con bajas que llegaron a superar el 8% en algunas compañías.

El movimiento refleja un cambio en el ánimo de los inversores: después de años de apostar por el crecimiento acelerado de la IA, el mercado comenzó a preguntarse cuánto puede durar el ritmo de inversiones y si las empresas podrán sostener el enorme gasto necesario para desarrollar nuevos modelos y ampliar la infraestructura tecnológica.

El mercado castiga a las empresas más expuestas a la IA

Las mayores pérdidas se concentraron en compañías relacionadas con semiconductores, memoria, infraestructura para centros de datos y equipamiento necesario para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial.

Entre las acciones más golpeadas aparecieron Aehr Test Systems, Nebius, Marvell, CoreWeave, SK Hynix, Lumentum y ARM, con descensos de entre 7% y casi 9% en las operaciones previas a la apertura.

También sufrieron fuertes retrocesos Intel, SanDisk, Micron y AMD, mientras que Nvidia, uno de los principales símbolos del boom de la inteligencia artificial, registró una caída más moderada.

La diferencia entre compañías muestra que el mercado no está abandonando por completo la tecnología, sino que está comenzando a discriminar entre aquellas empresas más expuestas a un eventual freno en el gasto de infraestructura y las que cuentan con negocios más diversificados.

¿Por qué cayó la inteligencia artificial?

Uno de los principales factores detrás del movimiento fueron las advertencias de referentes de la industria sobre la velocidad que tomó la carrera por desarrollar modelos cada vez más potentes.

Dario Amodei, CEO de Anthropic, planteó la necesidad de reducir el ritmo de avance de las capacidades de los sistemas de inteligencia artificial. Sus declaraciones fueron acompañadas posteriormente por Elon Musk y Sam Altman, CEO de OpenAI.

Para los inversores, el mensaje abre una pregunta clave: si el desarrollo de la IA se desacelera, ¿qué ocurrirá con las enormes inversiones destinadas a chips, servidores, centros de datos y redes?

Durante los últimos años, precisamente esa carrera por construir infraestructura fue uno de los grandes motores del mercado tecnológico.

Ahora, cualquier señal de moderación genera dudas sobre las expectativas de crecimiento de las compañías que se beneficiaron de ese ciclo.

Nvidia resiste, pero el mercado cambia de humor

La corrección también alcanzó a las grandes tecnológicas, aunque con distinta intensidad.

Nvidia retrocedía 2,5%, mientras Tesla cedía 1,6% y Amazon mostraba una baja mucho menor. En sentido contrario, algunas empresas tecnológicas operaban en positivo: Apple, Microsoft, Alphabet, Adobe y ServiceNow mostraban avances en las operaciones extendidas.

La fotografía resulta relevante porque evidencia que la presión vendedora está concentrada principalmente en el denominado "trade de inteligencia artificial", y no necesariamente en todo el sector tecnológico.

El mercado comienza así a separar a los grandes ganadores de la primera etapa de la IA de aquellas compañías cuyo crecimiento depende en mayor medida de que continúe el gigantesco ciclo de inversión en infraestructura.

El otro problema que mira Wall Street: el petróleo

Pero la inteligencia artificial no es el único foco de preocupación.

El precio del petróleo volvió a subir con fuerza y el Brent alcanzó los u$s 107 por barril, mientras el WTI se ubicó por encima de los u$s 102.

La escalada del crudo agrega presión sobre la inflación y complica el escenario para los mercados financieros, especialmente porque los inversores ya están atentos a la próxima reunión de la Reserva Federal estadounidense.

El aumento del precio de la energía puede trasladarse a los costos de empresas y consumidores y dificultar una eventual relajación de la política monetaria.

Todas las miradas están puestas en la Fed

La inflación estadounidense volvió a mostrar señales de resistencia. El componente subyacente del índice de precios al consumidor avanzó 0,3% en agosto, por encima de lo que esperaba el mercado.

A partir de esos datos, crecieron las apuestas a favor de una suba de tasas de interés de 25 puntos básicos en la próxima reunión de la Fed. Los futuros llegaron a reflejar una probabilidad superior al 80% para ese escenario.

El problema para Wall Street es que una política monetaria más restrictiva encarece el financiamiento y reduce el atractivo relativo de los activos de riesgo.

Las empresas tecnológicas, especialmente aquellas cuyo valor depende de fuertes expectativas de crecimiento futuro, pueden quedar particularmente expuestas.

La gran pregunta: ¿corrección o cambio de tendencia?

El desplome de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial no significa necesariamente que haya terminado el ciclo de crecimiento del sector.

Lo que sí cambió es el nivel de exigencia de los inversores.

Después de años en los que las compañías tecnológicas fueron premiadas por anunciar grandes inversiones en IA, el mercado comienza a exigir señales concretas sobre el retorno de esos desembolsos y la capacidad de transformar el crecimiento tecnológico en ganancias.

A eso se suma un escenario macroeconómico más complejo, marcado por un petróleo en niveles elevados, inflación persistente y la posibilidad de tasas de interés más altas.

La inteligencia artificial sigue siendo una de las grandes apuestas tecnológicas de Wall Street, pero ahora enfrenta una prueba decisiva: demostrar que el enorme volumen de dinero destinado a su desarrollo puede convertirse en resultados concretos.

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