Las pasturas de alfalfa cumplen un rol central en la alimentación de los rodeos ganaderos porque permiten asegurar una buena oferta de forraje para los sistemas pastoriles durante la primavera, verano y el otoño.
En Argentina, la recomendación tradicional utilizada para el manejo de la alfalfa durante la primavera-verano es pastorear bajo un manejo rotativo e ingresar con los animales a las parcelas cada vez que se logra el 10 % de floración. Se trata de práctica desarrollada en América del Norte para sistemas que se dedican a la conservación de forraje (heno, silaje).
Sin embargo aquí, a los fines de obtener la mayor cantidad y calidad de pasto posible, investigadores del INTA han elaborado unas pautas para optimizar el manejo del pastoreo. Según se comprobó, puede lograrse hasta un 30% más de producción de carne por hectárea. Germán Berone y Cecilia Sardiña (INTA Balcarce y General Villegas) avanzaron en el diseño junto a DerrickMoot, investigador y profesor de la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida de Lincoln (Nueva Zelanda)
“En primavera se debe comenzar a pastorear anticipadamente a cualquier signo visible de floración (entre 15-20 centímetros de altura) y luego se debe mantener una frecuencia o vuelta de pastoreo entre franjas de modo tal que la altura pre-pastoreo no supere los 30-40 centímetros de altura”, explicó Berone.
De esta manera, un pastoreo frecuente y una altura y biomasa pre-pastoreo no excesivas determina que en el remanente post-pastoreo haya presencia de hojas con alta capacidad fotosintética y muchos tallos que facilitan un rápido rebrote de la pastura, a la vez que evitan el uso de reservas de C y N de las raíces para el próximo rebrote. Así, de acuerdo a los especialistas, se asegura una adecuada producción de forraje, sin verse afectada la persistencia de las plantas.
Comparación y ventajas
Un estudio realizado en el INTA General Villegas, en el que se compararon ambas estrategias de manejo (“nuevas pautas de manejo” vs. “10 % floración”) durante dos ciclos productivos de invernada (2014/2015 y 2015/2016), demostró que con la nueva pauta de manejo se incrementó hasta un 30 % la producción de carne por hectárea. Desde el organismo informaron que la persistencia de las pasturas no se vio afectada por los tratamientos porque ambos mostraron similar densidad de plantas al finalizar el experimento.
Cabe destacar que en el módulo de Producción Intensiva de Carne (invernada), ubicado en la Reserva 7 del INTA Balcarce, se ha mostrado la experiencia de pasturas que contienen Aafalla que, utilizando esas pautas, obtuvieron excelentes resultados en cuanto a productividad, alcanzando los 1.000 kilos de carne por hectárea al año.
“Esta nueva forma de manejo, no sólo genera un mayor aumento en la producción de carnes, sino que también, representan un beneficio ambiental, ya que la alfalfa es una de las leguminosas más importantes debido a que por sus niveles de productividad realiza importantes aportes de C y N a los sistemas”, concluyó Sardiña.
Potencial en los sistemas lecheros
Un estudio publicado por INTA Rafaela analizó la incidencia de la alfalfa en las dietas lecheras y su importancia para mejorar la calidad del producto final.
“Es una importante fuente de nutrientes, la que además de mejorar la concentración de componentes esenciales, disminuye la susceptibilidad a la oxidación. Cuando se analiza la inclusión de diferentes proporciones de alfalfa pastoreada en raciones parcialmente mezcladas (PMR), se registra una correlación directa entre la proporción de la misma en la dieta y la concentración de compuestos benéficos en la leche y los productos derivados (queso y leche en polvo). Esta respuesta es importante para diferenciar la calidad de la leche producida bajo condiciones variables de pastoreo de alfalfa con una estrategia de alimentación en PMR”.
A partir de ensayos realizados luego de 20 días de alimentación con alfalfa fresca (peso húmedo) vs silaje de sorgo y heno, los expertos del organismo destacaron “que se registraron mayores concentraciones de vitamina A (retinol), vitamina E (alfa-tocoferol) y carotenoides (beta-caroteno), así como una capacidad oxidativa superior y por lo tanto, menor susceptibilidad a la oxidación (Rossetti et al, 2010) y, adicionalmente, se obtuvo una calificación sensorial superior para caracteres organolépticos, tales como color y aroma, como respuesta a la inclusión de alfalfa en la alimentación”.
Como conclusión, puede resaltarse que el valor nutricional de la leche y sus productos derivados pueden ser naturalmente mejorados mediante el uso de alfalfa fresca en la estrategia de alimentación.

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