Autopista Rosario-Santa Fe: Ahorro millonario y proteccionismo estratégico en la nueva licitación

La aplicación del "Compre Santafesino" definió una obra clave de $72.000 millones para el corredor agroexportador, demostrando cómo la infraestructura sustentable y la protección al proveedor local reducen los costos logísticos a largo plazo

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Resumen

  • Adjudicación estratégica: La constructora Pose SA se perfila para ejecutar el segundo tramo del tercer carril de la autopista Rosario-Santa Fe, superando a la entrerriana Luis Losi SA gracias a la aplicación de la ley de "Compre Santafesino".
  • Ventaja competitiva y normativa: Aunque la oferta de Luis Losi ($69.998 millones) fue inferior, la diferencia menor al 5% frente a la propuesta de Pose ($72.676 millones) activó el mecanismo de protección local, garantizando que el capital quede en el tejido productivo regional.
  • Ahorro y eficiencia fiscal: La licitación evidenció una marcada reducción de costos; de un presupuesto oficial estimado en $85.000 millones, la obra se concretará por cerca de $72.000 millones, reflejando una gestión orientada a la austeridad y la optimización del gasto público.
  • Impacto logístico integral: El proyecto abarca 17,3 kilómetros desde San Lorenzo hasta Timbúes, un corredor vital para la agroexportación, cuyo objetivo es reducir drásticamente los costos operativos del transporte pesado.
  • Infraestructura sustentable: Además de la repavimentación y ensanche de puentes, la obra incluye iluminación LED alimentada por un innovador parque solar de 500 kW, alineando la obra pública con los estándares globales de energía limpia.

La infraestructura logística no es simplemente un trazado de asfalto y hormigón; es el sistema circulatorio por donde fluye la competitividad de una región. En el núcleo productivo más dinámico del país, cada minuto de demora en el transporte de cargas y cada centavo adicional en el costo de los fletes impactan de lleno en la rentabilidad de las corporaciones y en la supervivencia de los proveedores. La reciente apertura de sobres para la construcción del segundo tramo del tercer carril de la autopista Rosario-Santa Fe revela mucho más que una simple licitación de obra pública: expone la compleja ingeniería financiera y estratégica que rige el desarrollo económico territorial.

El proyecto, que abarcará 17,3 kilómetros críticos desde el acceso San Lorenzo Centro hasta el Desvío Timbúes, es un laboratorio perfecto para analizar cómo las normativas provinciales moldean el mercado. Con un presupuesto oficial inicial que superaba los $85.000 millones, la compulsa de precios generó un escenario de alta tensión corporativa. Nueve empresas pujaron por el contrato, pero la verdadera contienda se definió en el terreno de las ventajas comparativas normativas, ilustrando el poder del denominado "Compre Santafesino".

Para comprender la dinámica de esta adjudicación, es útil trazar un paralelismo con las políticas de abastecimiento de las grandes multinacionales. En la gestión corporativa moderna, una empresa matriz a menudo decide pagar un leve sobreprecio o "premium" a un proveedor estratégico de su propia cadena de valor local en lugar de importar un insumo más barato. Esta decisión no es un error de cálculo, sino una inversión en el ecosistema. El legendario economista y estratega Michael Porter afirmaba que "la competitividad de una región se basa en la competitividad de sus industrias, y estas dependen profundamente de la fortaleza de sus clústeres locales". Al retener el capital dentro del propio tejido, se genera una fricción virtuosa: el dinero circula, fomenta el empleo indirecto y fortalece a los subcontratistas periféricos.

En el caso de la autopista, la entrerriana Luis Losi SA presentó la oferta más agresiva, cotizando la obra en poco más de $69.998 millones. Sin embargo, la balanza se inclinó hacia Pose SA, que presupuestó $72.676 millones. La legislación local establece que, si la empresa ganadora no es originaria de la provincia y la diferencia con una firma local es inferior al 5%, la balanza se inclina hacia el capital interno. En este escenario, la brecha a favor de la empresa foránea no alcanzó siquiera el 2%. Esta aplicación del margen de preferencia no es una excentricidad regional; es un reflejo a escala provincial de normativas como el "Buy American Act" en Estados Unidos o el intrincado sistema de keiretsu que empresas como Toyota utilizaron durante décadas para blindar y potenciar a sus proveedores en la prefectura de Aichi.

El trasfondo financiero de esta obra también arroja lecciones valiosas sobre la eficiencia en la asignación de recursos. El presupuesto original de $85.000 millones terminó ajustándose hacia la baja por la propia presión competitiva de la licitación, logrando que el Estado se garantice un ahorro sustancial cercano al 15%. Este fenómeno refleja un principio fundamental del management moderno, el cual exige hacer más con menos. Peter Drucker, el padre del management, sostenía que "no hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia algo que no debería haberse hecho en absoluto". En este caso, la inversión es indiscutiblemente necesaria, pero la ejecución austera, combinando recursos externos y ahorros propios como señaló el gobierno provincial, valida la premisa de Drucker al aplicar eficiencia financiera en una arteria vital para el comercio exterior.

La ejecución de este tercer carril trasciende la mera conveniencia del tránsito liviano. Estamos hablando de una intervención quirúrgica sobre la principal vena yugular de la logística agroexportadora. Las obras no solo implican la repavimentación y la adición de una vía, sino la modernización integral de puentes sobre el río Carcarañá y el arroyo San Lorenzo. Las demoras en los accesos portuarios durante la cosecha gruesa generan cuellos de botella que destruyen valor a un ritmo alarmante, operando como un impuesto invisible sobre cada tonelada de cereal exportada.

El aspecto más disruptivo del proyecto no yace bajo las ruedas de los camiones, sino en la matriz energética que lo alimentará. La inclusión de un parque solar de 500 kW para dotar de energía a un sistema de luminarias LED dispuestas cada 25 metros marca un punto de inflexión. Las infraestructuras viales ya no pueden concebirse como entidades pasivas; deben ser activos autosustentables. Esta decisión refleja las macrotendencias corporativas globales, donde gigantes de la logística como Amazon o Maersk invierten miles de millones en descarbonizar sus cadenas de suministro, entendiendo que la eficiencia energética es sinónimo de eficiencia financiera a largo plazo.

El impacto a largo plazo de esta inyección de capital en el corredor portuario es profundo. Como advierte el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz: "La inversión en infraestructura inteligente y sostenible es una de las pocas políticas públicas que, bien ejecutada, se paga a sí misma al elevar permanentemente la productividad de todo el sector privado". Los más de 200.000 millones de pesos que la administración actual está movilizando hacia rutas y puertos actúan como un apalancamiento operativo para las empresas de la región. Al reducir el tiempo de tránsito, mitigar los accidentes y optimizar el consumo de combustible de la flota pesada, se altera positivamente la estructura de costos fijos de miles de compañías.

Finalmente, el caso de Pose SA, que ya había consolidado su experiencia construyendo el primer tramo del tercer carril, demuestra que la acumulación de know-how local es un activo intangible que las planillas de cálculo suelen subestimar. La discusión previa sobre la radicación fiscal de la empresa, que cuenta con plantas en Buenos Aires pero mantiene su anclaje impositivo en la provincia, ilustra las complejas fronteras de la identidad corporativa en la era moderna. Lo que esta adjudicación confirma es que, en la carrera por la competitividad global, la capacidad de una región para blindar su economía interna mediante inversiones logísticas de alto calibre es el factor determinante para pasar de ser un mero exportador de materias primas a un hub logístico de clase mundial.

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