Desde 2016, el INTA General Villegas trabaja en una línea estratégica de investigación que busca transformar el estiércol de feedlots —históricamente considerado un residuo— en un recurso agronómico de alto valor. Los resultados de estos trabajos, desarrollados a través de ensayos de larga duración (ELD) serán presentados el miércoles 4 de marzo desde las 8.30 durante la jornada de Día de Campo 2026 en la Estación Experimental Agropecuaria ubicada en La Belita. La actividad está dirigida a productores, asesores y empresas del sector.
“A diferencia de las evaluaciones de campaña, los ensayos de larga duración permiten analizar procesos acumulativos y cambios estructurales en el sistema suelo-cultivo”, señaló Marianela Diez, referente de ensayos de gestión ambiental en feedlots del INTA, y agregó que, en este caso, el foco estuvo puesto en determinar qué sucede cuando el estiércol proveniente de sistemas ganaderos intensivos a corral se aplica de manera planificada y sostenida en el tiempo.
Tras cuatro aplicaciones bienales de 20 toneladas por hectárea, los técnicos cuantificaron incrementos significativos en parámetros edáficos clave, como aumento del fósforo disponible hasta los 80 centímetros de profundidad respecto de parcelas sin aplicación, mejoras del pH hasta los 40 centímetros, incremento de la conductividad eléctrica hasta los 60 centímetros y suba de la materia orgánica en los primeros 20 centímetros del perfil.
“Desde el punto de vista productivo, los resultados muestran un incremento promedio del 26 % en el rendimiento de grano en cultivos como maíz y soja”, expresó Diez, quien aseguró que estos datos confirman antecedentes que ya señalaban la importancia del manejo adecuado de estiércol y efluentes en sistemas intensivos, pero aportan evidencia local de largo plazo, una variable clave para evaluar impactos reales sobre el suelo.
De residuo a insumo estratégico
El estudio pone en valor un material que, bajo un manejo incorrecto, puede representar un pasivo ambiental. Sin embargo, cuando se integra a una estrategia agronómica planificada, el estiércol aporta nutrientes —principalmente fósforo—, mejora propiedades químicas del suelo y contribuye a la estabilidad productiva.
Además, su utilización permite reducir la necesidad de fertilizantes minerales externos, con el consiguiente impacto positivo en los costos y en la huella ambiental del sistema.
No obstante, los especialistas advierten que el monitoreo permanente es indispensable. La acumulación de sales y sodio, si no se controla, puede transformarse en un factor limitante para la productividad. Por eso, la recomendación técnica apunta a esquemas de dosis frecuentes pero ajustadas, acompañadas de seguimiento analítico del suelo.
La jornada de Día de Campo no se limitará al eje estiércol-suelo. El programa incluye paradas a campo donde los especialistas abordarán claves de manejo en maíces de segunda —densidad y nutrición—, estrategias de ambientación y manejo variable con evaluación económica en maíz, además de comparativos entre maíz temprano y tardío y ensayos de rendimiento de soja en distintas fechas de siembra.

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