La empresa Huergo Cereales S.R.L., uno de los acopios más relevantes del centro-norte bonaerense, vive una crisis financiera profunda que trasciende lo empresarial y pone en alerta a toda la cadena agroindustrial regional. Según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en los últimos meses la compañía acumuló 440 cheques rechazados por falta de fondos por un total de más de $2.443 millones, al tiempo que sostiene una morosidad bancaria que ronda los $5.300 millones.
El descalce financiero estalló con fuerza cuando varios productores que entregaron trigo en diciembre pasado no recibieron el pago correspondiente, lo que derivó en reclamos formales y presentaciones judiciales. La situación no se limita sólo al productor primario: transportistas, contratistas rurales y proveedores de insumos también enfrentan demoras de pago que impactan de lleno en su liquidez y operativa.
En economías regionales donde la financiación comercial es el “lubricante” del sistema, el deterioro de una firma estratégica tiene efectos en cadena. El acopio —que además de recibir productos financia operaciones, articula canjes y canaliza comercialización—, al quedar desfasado financieramente, traduce tensiones en todo el circuito granario.
Testimonios recogidos en la zona señalan que incluso los silos del acopio estarían vacíos, lo que alimenta dudas sobre la capacidad de la firma para respaldar sus obligaciones y pone en cuestionamiento el stock histórico que debía garantizar pagos y operaciones. Esta falta de respaldo real encendió alertas en productores e inversionistas, que ahora analizan posibles escenarios legales y comerciales para resguardar sus derechos.
El silencio oficial de la empresa frente a la prensa y a los actores de la industria provocó aún más incertidumbre. Sólo se sabe que se están evaluando alternativas de reestructuración financiera o incorporación de capital para intentar recomponer la situación. La resolución de este conflicto no sólo determinará el futuro de Huergo Cereales, sino también la confianza con que se operará en las cadenas de pago del sector agrícola en la región.
En un contexto donde otras compañías del agro también han mostrado señales de estrés financiero —como lo ocurrido con Los Grobo y otros grupos en default en años recientes—, este episodio contribuye a un debate más amplio sobre la sostenibilidad del modelo de financiación del agro y la vulnerabilidad del sistema frente a choques de liquidez.

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