El debate sobre un posible atraso cambiario volvió al centro de la escena económica luego de que el tipo de cambio real multilateral alcanzara valores similares a los registrados en 2017, un período que antecedió a una fuerte crisis de balanza de pagos en Argentina.
Según análisis de economistas, el indicador —que mide la competitividad del país frente a sus principales socios comerciales ajustando por inflación— acumula una apreciación cercana al 7% en lo que va del año y se ubica en mínimos desde mediados de 2025.
Este fenómeno implica, en términos prácticos, que el peso se fortaleció en términos reales, encareciendo las exportaciones argentinas y abaratando las importaciones, un escenario históricamente asociado a pérdida de competitividad externa.
El recuerdo de 2017 y la advertencia del mercado
El paralelismo con 2017 genera preocupación porque ese año la economía argentina registró un déficit de balanza de pagos de u$s30.792 millones, según datos del INDEC.
Sin embargo, los analistas remarcan que el contexto actual presenta diferencias estructurales relevantes. El principal cambio es la situación externa: el déficit de cuenta corriente ronda hoy el 1,3% del PBI, muy por debajo del 4,8% observado en aquel período previo a la crisis.
Este menor desequilibrio responde, entre otros factores, al superávit energético generado por el desarrollo de Vaca Muerta y al impacto del ajuste fiscal sobre las cuentas externas.
Por qué hoy el riesgo sería menor
Informes privados sostienen que un déficit externo inferior al 2% del PBI resulta manejable en el actual esquema cambiario, caracterizado por mayor flexibilidad y acceso al financiamiento.
Además, economistas destacan que, a diferencia de ciclos anteriores, la balanza comercial logró mejorar incluso con un tipo de cambio apreciado, impulsada por el sector energético y el aporte del agro a las exportaciones.
No obstante, advierten que la apreciación cambiaria reduce el “colchón” competitivo del país. Esto puede traducirse en mayores costos en dólares, pérdida de competitividad frente a Brasil y un incremento de importaciones que afecte a sectores productivos locales.
Impacto potencial sobre producción y comercio exterior
Especialistas señalan que un peso fuerte no necesariamente genera déficit comercial inmediato, ya que influyen variables como los precios internacionales, la cosecha agrícola, el nivel de actividad económica y la demanda regional.
Aun así, el riesgo aparece cuando la economía debe simultáneamente sostener importaciones, crecimiento y pagos de deuda externa, con menor margen cambiario para absorber shocks externos.
En ese sentido, el actual escenario no enciende alarmas inmediatas, pero sí reabre una discusión histórica en Argentina: cuánto atraso cambiario puede tolerar la economía sin comprometer su equilibrio externo.

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