El Frente de Sindicatos Unidos (FreSU-Federal) calculó que en junio un trabajador necesitó $3.000.352 para cubrir las nueve necesidades vitales que exige la ley: alimentación, vivienda, educación, vestimenta, salud, transporte y previsión social. La cifra equivale a más de ocho veces el salario mínimo vigente, el más bajo de la historia argentina en términos reales. Pero hay otro piso de ingresos que atraviesa el mismo drama y que golpea directo al mostrador de miles de comercios de Rosario: la jubilación mínima.
Jubilación mínima y salario mínimo: la misma grieta
En julio de 2026 la jubilación mínima de ANSES quedó en $411.989,33, que con el bono extraordinario de $70.000 suma un ingreso total de $481.989,33 para el beneficiario que menos cobra. Es apenas una fracción de lo que el informe del FreSU marca como piso de subsistencia. El salario mínimo y la jubilación mínima son, en rigor, la misma herramienta de política de ingresos aplicada a dos poblaciones distintas: fijan un piso que el Estado decide, y ambos vienen perdiendo la carrera contra los precios desde hace años, más allá de el esquema de actualización del salario mínimo vigente hasta agosto.
El informe sindical —integrado por organizaciones como UOM, ATE, la Federación Aceitera, Conadu y gremios de transporte y comunicación— sostiene que desde el inicio de la gestión de Javier Milei los asalariados perdieron más de 67 billones de pesos en el acumulado de sus ingresos mensuales. Los salarios reales del sector público cayeron más de 6% en los últimos siete meses y los del sector privado, más de 5%.
Por qué esto le importa a un comerciante de Rosario
Para un empresario pyme la lectura no es abstracta: salario mínimo y jubilación mínima funcionan como referencia de buena parte de la demanda de bienes y servicios de proximidad —almacenes, farmacias, indumentaria, gastronomía barrial—, sobre todo en los barrios donde el ingreso previsional pesa más que el salario formal.
Cuando ambos pisos se hunden en términos reales, el efecto no se ve solo en las estadísticas de pobreza: se ve en la caja de los comercios chicos, que dependen de un consumo minorista que ya viene golpeado y que corre por detrás incluso de las escalas salariales pactadas para los empleados de comercio.
El dato se cruza, además, con otro relevamiento difundido esta semana en Rosario, que registró que seis de cada diez comercios de la ciudad reportaron caída de ventas en el último mes. La correlación no es casual: cuando el ingreso de bolsillo de jubilados y trabajadores de salarios bajos pierde poder de compra, el primer gasto que se recorta es el que pasa por el comercio de cercanía, no el que financian con tarjeta los sectores de mayores ingresos.
El endeudamiento como válvula de escape
El informe del FreSU agrega un dato que preocupa a cualquier análisis de consumo: la deuda de las familias argentinas creció 46 billones de pesos desde que asumió Milei, la morosidad se multiplicó por cuatro en el último año y el mercado de crédito a los hogares está saturado.
La vía que muchas familias usaron para sostener el consumo pese a la pérdida de ingresos —tarjeta de crédito, préstamos personales— ya no tiene mucho margen para seguir compensando. Para las pymes que venden en cuotas o financian a sus clientes, es una señal de alerta: el colchón se terminó, y se suma a el riesgo que la inflación acumulada representa para los márgenes de las pymes.
La inflación se desacelera, pero no alcanza
La paradoja que atraviesa el informe es la misma que describen otros relevamientos recientes: la inflación de los trabajadores subió 1,7% en junio según el índice de la Umet, tres décimas menos que en mayo, pero eso no se traduce en mejora del poder adquisitivo. Salud subió 3,3% en el mes, traccionada por los servicios para pacientes externos, y equipamiento y mantenimiento del hogar avanzó 2,9%. Son justamente los rubros que más pesan en el gasto de jubilados y familias de ingresos bajos, y los que menos margen tienen para postergarse.
Para el empresario de Rosario y la región, el mensaje de fondo es que la desaceleración de precios, por sí sola, no alcanza para reactivar el consumo si los ingresos de base —salario mínimo, jubilación mínima, planes sociales— siguen licuándose. La recuperación del poder adquisitivo es la variable que define si el comercio minorista empieza a ver una mejora sostenida en las ventas, algo que también depende de que no se repitan atrasos como los que marcaron los últimos aumentos de las jubilaciones de ANSES frente a la inflación real.
¿Cuánto es la jubilación mínima en julio de 2026?
La jubilación mínima de ANSES quedó en $411.989,33, que sumado al bono extraordinario de $70.000 totaliza $481.989,33 para el beneficiario que menos cobra.
¿Cuánto debería ser el salario mínimo según el informe sindical?
El FreSU-Federal calculó que en junio se necesitaron $3.000.352 para cubrir las nueve necesidades vitales que establece la ley, más de ocho veces el salario mínimo vigente.
¿Cómo impacta esto en las pymes y comercios de Rosario?
La pérdida de poder adquisitivo de jubilados y trabajadores de salarios bajos golpea directo al consumo minorista de cercanía, en un contexto en el que seis de cada diez comercios de Rosario ya reportan caída de ventas.

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