El mercado mira a EEUU: qué puede pasar con la soja argentina tras la derrota de Trump

Un eventual cambio en la política comercial de Donald Trump podría modificar el escenario internacional de los granos. Para Argentina, hay un doble desafío: ¿por qué?

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Resumen Ejecutivo

  • Una distensión comercial entre Estados Unidos y China aumentaría la competencia global y presionaría a la baja la cotización internacional de la soja.
  • La eventual caída del petróleo Brent y de la urea ofrecería un alivio operativo reduciendo los costos en combustibles, logística y fertilizantes.
  • Las tasas de interés de EE. UU. en torno al 5% e incertidumbres cambiarias podrían incentivar la retención de granos en silobolsas a la espera de mejores condiciones.

El mercado internacional de granos podría enfrentar un nuevo escenario si Donald Trump pierde margen de maniobra política en Estados Unidos. La posibilidad de que un Congreso menos alineado con la Casa Blanca condicione su estrategia comercial abre interrogantes sobre el futuro de los precios agrícolas y, particularmente, de la soja.

El impacto podría llegar directamente al campo argentino. Una eventual flexibilización de las tensiones comerciales entre Washington y Beijing permitiría recomponer los flujos de exportación estadounidenses hacia China, un mercado estratégico que durante los últimos años ganó protagonismo para Brasil y Argentina.

Este cambio podría intensificar la competencia por colocar soja en el principal mercado consumidor mundial y generar una presión bajista sobre las cotizaciones internacionales.

Según el escenario planteado por analistas, la soja podría alejarse de los máximos recientes. Después de haber alcanzado los 488 dólares por tonelada hace aproximadamente un mes, la cotización mencionada en el informe ya había retrocedido hasta los 442 dólares, con tendencia descendente.

China, la pieza clave del negocio sojero

Uno de los principales factores que observa el mercado es la relación comercial entre Estados Unidos y China.

Durante la administración Trump, las tensiones comerciales entre ambas potencias provocaron cambios en los destinos de exportación de los productos agrícolas estadounidenses. Ese escenario favoreció especialmente a Brasil, que consolidó su posición como principal proveedor de soja del mercado chino, y también abrió oportunidades para Argentina.

Sin embargo, una eventual distensión podría modificar nuevamente el tablero.

Si Estados Unidos recupera parte del acceso comercial que perdió en China, los productores sudamericanos tendrían que competir en un mercado con mayor oferta disponible.

Para la Argentina, el efecto podría sentirse principalmente en el precio de la soja disponible y en las expectativas comerciales de la próxima campaña.

De todos modos, los derivados industriales, como el aceite y la harina de soja, podrían mostrar un comportamiento diferente y defender mejor sus cotizaciones, debido al peso de Argentina en esos segmentos del mercado internacional.

El petróleo también puede cambiar las cuentas del productor

No todo el escenario internacional presenta señales negativas para el agro argentino.

Una eventual caída del precio del petróleo podría representar un alivio para los costos de producción y comercialización. Los combustibles tienen una incidencia directa en las labores agrícolas, el transporte de granos y la logística de exportación.

Además, un petróleo más barato podría favorecer una reducción en los precios de los fertilizantes, especialmente la urea, que durante el año había registrado incrementos de hasta el 50%.

En el mercado energético, el Brent había cerrado en torno a los 104 dólares por barril, luego de haber alcanzado un máximo de 117 dólares durante la semana anterior.

Las proyecciones de bancos de inversión anticipaban un promedio de 88 dólares para 2027.

De concretarse ese escenario, el productor argentino podría encontrar cierto alivio en la estructura de costos, aunque eso no necesariamente compensaría una eventual caída de los precios internacionales de los granos.

Más competencia y presión sobre los márgenes agrícolas

El panorama para los productores estadounidenses también agrega un componente de incertidumbre.

De acuerdo con las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la rentabilidad de los farmers podría registrar una caída del 2,6% nominal durante el año y del 5,5% al considerar el efecto de la inflación.

Frente a ese escenario, la asistencia gubernamental al sector aumentó cerca de un 70%, hasta alcanzar unos 20.000 millones de dólares adicionales respecto del año anterior.

Sin embargo, el endeudamiento agrícola también constituye una preocupación. Las estimaciones citadas en el artículo proyectaban que la deuda del sector cerraría el año en 605.000 millones de dólares, un incremento del 4,6% interanual.

Estos factores podrían influir en las decisiones políticas de Washington y en las medidas que adopte la administración estadounidense para sostener la competitividad de sus productores.

El dólar y el riesgo cambiario, otra preocupación para Argentina

Más allá de la evolución de los precios internacionales, existe otra variable que puede resultar determinante para el negocio agrícola argentino: el tipo de cambio.

Las tasas de interés estadounidenses, ubicadas en torno al 5% anual según el escenario analizado, encarecen el financiamiento internacional y pueden incrementar la presión sobre economías emergentes como Argentina.

A esto se suma la incertidumbre sobre la continuidad de los mecanismos de asistencia financiera estadounidense al gobierno de Javier Milei frente a eventuales turbulencias cambiarias durante 2027.

En ese contexto, una combinación de menores precios internacionales de la soja y expectativas de devaluación podría modificar las decisiones comerciales de los productores.

Una posibilidad es que parte del sector opte por retener los granos almacenados en silobolsas, a la espera de mejores condiciones cambiarias y financieras para vender.

Un escenario que obliga a seguir de cerca el mercado internacional

Para el campo argentino, los movimientos políticos de Estados Unidos pueden tener consecuencias concretas sobre los ingresos de la próxima campaña.

Una recomposición comercial entre Washington y Beijing podría aumentar la competencia por abastecer a China y presionar sobre el precio de la soja. Al mismo tiempo, una eventual baja del petróleo y de los fertilizantes ofrecería una oportunidad para reducir costos.

La ecuación final dependerá de cómo evolucionen los mercados de granos, la energía, las tasas de interés y el tipo de cambio.

En definitiva, el productor argentino enfrenta un escenario en el que no solamente importa cuánto puede valer la soja, sino también cuánto costará producirla y en qué momento convendrá venderla.

El mercado internacional de granos podría enfrentar un nuevo escenario si Donald Trump pierde margen de maniobra política en Estados Unidos. La posibilidad de que un Congreso menos alineado con la Casa Blanca condicione su estrategia comercial abre interrogantes sobre el futuro de los precios agrícolas y, particularmente, de la soja.

El impacto podría llegar directamente al campo argentino. Una eventual flexibilización de las tensiones comerciales entre Washington y Beijing permitiría recomponer los flujos de exportación estadounidenses hacia China, un mercado estratégico que durante los últimos años ganó protagonismo para Brasil y Argentina.

Este cambio podría intensificar la competencia por colocar soja en el principal mercado consumidor mundial y generar una presión bajista sobre las cotizaciones internacionales.

Según el escenario planteado por analistas, la soja podría alejarse de los máximos recientes. Después de haber alcanzado los 488 dólares por tonelada hace aproximadamente un mes, la cotización mencionada en el informe ya había retrocedido hasta los 442 dólares, con tendencia descendente.

China, la pieza clave del negocio sojero

Uno de los principales factores que observa el mercado es la relación comercial entre Estados Unidos y China.

Durante la administración Trump, las tensiones comerciales entre ambas potencias provocaron cambios en los destinos de exportación de los productos agrícolas estadounidenses. Ese escenario favoreció especialmente a Brasil, que consolidó su posición como principal proveedor de soja del mercado chino, y también abrió oportunidades para Argentina.

Sin embargo, una eventual distensión podría modificar nuevamente el tablero.

Si Estados Unidos recupera parte del acceso comercial que perdió en China, los productores sudamericanos tendrían que competir en un mercado con mayor oferta disponible.

Para Argentina, el efecto podría sentirse principalmente en el precio de la soja disponible y en las expectativas comerciales de la próxima campaña.

De todos modos, los derivados industriales, como el aceite y la harina de soja, podrían mostrar un comportamiento diferente y defender mejor sus cotizaciones, debido al peso de Argentina en esos segmentos del mercado internacional.

El petróleo también puede cambiar las cuentas del productor

No todo el escenario internacional presenta señales negativas para el agro argentino.

Una eventual caída del precio del petróleo podría representar un alivio para los costos de producción y comercialización. Los combustibles tienen una incidencia directa en las labores agrícolas, el transporte de granos y la logística de exportación.

Además, un petróleo más barato podría favorecer una reducción en los precios de los fertilizantes, especialmente la urea, que durante el año había registrado incrementos de hasta el 50%.

En el mercado energético, el Brent había cerrado en torno a los 104 dólares por barril, luego de haber alcanzado un máximo de 117 dólares durante la semana anterior.

Las proyecciones de bancos de inversión anticipaban un promedio de 88 dólares para 2027.

De concretarse ese escenario, el productor argentino podría encontrar cierto alivio en la estructura de costos, aunque eso no necesariamente compensaría una eventual caída de los precios internacionales de los granos.

Más competencia y presión sobre los márgenes agrícolas

El panorama para los productores estadounidenses también agrega un componente de incertidumbre.

De acuerdo con las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la rentabilidad de los farmers podría registrar una caída del 2,6% nominal durante el año y del 5,5% al considerar el efecto de la inflación.

Frente a ese escenario, la asistencia gubernamental al sector aumentó cerca de un 70%, hasta alcanzar unos 20.000 millones de dólares adicionales respecto del año anterior.

Sin embargo, el endeudamiento agrícola también constituye una preocupación. Las estimaciones citadas en el artículo proyectaban que la deuda del sector cerraría el año en 605.000 millones de dólares, un incremento del 4,6% interanual.

Estos factores podrían influir en las decisiones políticas de Washington y en las medidas que adopte la administración estadounidense para sostener la competitividad de sus productores.

El dólar y el riesgo cambiario, otra preocupación para Argentina

Más allá de la evolución de los precios internacionales, existe otra variable que puede resultar determinante para el negocio agrícola argentino: el tipo de cambio.

Las tasas de interés estadounidenses, ubicadas en torno al 5% anual según el escenario analizado, encarecen el financiamiento internacional y pueden incrementar la presión sobre economías emergentes como Argentina.

A esto se suma la incertidumbre sobre la continuidad de los mecanismos de asistencia financiera estadounidense al gobierno de Javier Milei frente a eventuales turbulencias cambiarias durante 2027.

En ese contexto, una combinación de menores precios internacionales de la soja y expectativas de devaluación podría modificar las decisiones comerciales de los productores.

Una posibilidad es que parte del sector opte por retener los granos almacenados en silobolsas, a la espera de mejores condiciones cambiarias y financieras para vender.

Un escenario que obliga a seguir de cerca el mercado internacional

Para el campo argentino, los movimientos políticos de Estados Unidos pueden tener consecuencias concretas sobre los ingresos de la próxima campaña.

Una recomposición comercial entre Washington y Beijing podría aumentar la competencia por abastecer a China y presionar sobre el precio de la soja. Al mismo tiempo, una eventual baja del petróleo y de los fertilizantes ofrecería una oportunidad para reducir costos.

La ecuación final dependerá de cómo evolucionen los mercados de granos, la energía, las tasas de interés y el tipo de cambio.

En definitiva, el productor argentino enfrenta un escenario en el que no solamente importa cuánto puede valer la soja, sino también cuánto costará producirla y en qué momento convendrá venderla.

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