¿Por qué la revolución digital del agro argentino entra en una nueva etapa?

Hoy, la tecnología comienza a demostrar su impacto directo en los resultados económicos de las empresas agropecuarias y gana terreno

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Resumen Ejecutivo

  • La Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025) de la Universidad Austral revela que la desconfianza hacia los datos digitales cayó al 11%.
  • El 82% de los productores que utilizan tecnología digital reporta mejoras medibles, destacando el ahorro en fitosanitarios (68%) y fertilizantes (65%).
  • La falta de capacitación se consolida como la principal barrera para el 48% del sector, superando incluso a las restricciones de capital en las grandes empresas.
  • El asesor independiente gana protagonismo como figura clave para interpretar información, desplazando a los proveedores de insumos como destinatarios directos de datos.

La digitalización del agro argentino dejó atrás la etapa de las promesas. Hoy, la tecnología comienza a demostrar su impacto directo en los resultados económicos de las empresas agropecuarias y gana terreno como una herramienta para reducir costos, mejorar la eficiencia y tomar decisiones productivas con mayor precisión.

Los datos de la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025), elaborada por el Centro de Agronegocios y Alimentos (CEAg) de la Universidad Austral, muestran un cambio significativo en la relación de los productores con las nuevas herramientas digitales: la desconfianza en el uso de los datos, que en 2021 alcanzaba al 56%, cayó al 11% en 2025.

Pero hay otro indicador que confirma que el proceso ingresó en una nueva etapa: el 82% de los productores que utilizan tecnologías digitales afirma que las inversiones realizadas generaron mejoras medibles en ahorro de costos, eficiencia o rendimientos. Incluso, un 44% manifiesta estar totalmente de acuerdo con que estas herramientas ofrecen un retorno económico positivo.

El dato es relevante porque muestra que la discusión ya no pasa solamente por convencer al productor de incorporar tecnología, sino por demostrar cuánto puede aportar a la rentabilidad de su negocio.

Ahorrar costos, la principal razón para digitalizar el campo

En un contexto en el que los márgenes productivos obligan a revisar cada decisión, la reducción de costos se convirtió en el principal motor de la adopción tecnológica.

Según la encuesta, el 81% de los productores que incorporan herramientas digitales lo hace principalmente para reducir gastos en insumos productivos, como fitosanitarios, fertilizantes y semillas. El objetivo de incrementar los rendimientos aparece en segundo lugar, con el 55%.

La diferencia refleja una transformación en las prioridades del negocio agropecuario: la tecnología ya no se percibe únicamente como una vía para producir más, sino también como una herramienta para producir mejor y utilizar los recursos de manera más eficiente.

Los resultados declarados por los productores respaldan esa tendencia. El 70% reconoce ahorros en los costos generales de su actividad, mientras que el 68% destaca una reducción en el uso de fitosanitarios. Dentro de este último grupo, un 33% considera que la mejora fue significativa.

En fertilizantes, el 65% también reportó ahorros asociados a la incorporación de herramientas digitales.

Así, la agricultura de precisión, la aplicación selectiva y los sistemas de gestión de información empiezan a consolidarse como instrumentos concretos para mejorar la eficiencia económica de las empresas agropecuarias.

El cuello de botella: faltan conocimientos y personal capacitado

Sin embargo, a medida que se reducen las resistencias económicas y culturales frente a la tecnología, aparecen otras limitaciones.

La principal barrera para profundizar la digitalización es ahora el conocimiento. El 48% de los productores identifica la falta de capacitación como un obstáculo, mientras que el 46% señala el costo de las herramientas.

El escenario presenta particularidades según la escala de las empresas. Entre los establecimientos grandes, la falta de recursos humanos capacitados para implementar estas soluciones alcanza el 45% y supera incluso a la restricción económica, mencionada por el 35%.

Esto demuestra que disponer de capital para invertir no siempre alcanza. La incorporación de tecnología requiere personas capaces de implementarla, interpretar la información que genera y transformarla en decisiones productivas.

También aparece una señal de alerta para el ecosistema AgTech: entre los productores considerados adoptantes intensivos, el 40% considera que muchas de las soluciones disponibles no ofrecen respuestas concretas a problemas productivos reales.

El mensaje para las empresas desarrolladoras es claro: ya no alcanza con ofrecer innovación. El productor demanda herramientas que resuelvan necesidades específicas y que demuestren su utilidad en el lote y en los números de la empresa.

Los datos ganan valor y el asesor independiente se fortalece

Otro de los cambios relevantes que identifica la ENPA 2025 está relacionado con la administración de la información productiva.

Actualmente, el 73% de los productores comparte datos con terceros. Se trata de información estratégica, como mapas de rendimiento, muestreos de suelo y curvas de nivel, que permite construir diagnósticos más precisos y mejorar las decisiones agronómicas.

Pero no todos los actores tienen el mismo acceso a esos datos.

La participación de los proveedores de insumos como destinatarios directos de información digital perdió terreno: pasó del 42% en 2021 al 25% en 2025. En paralelo, gana protagonismo el asesor independiente, que se consolida como una figura de confianza para evaluar tecnologías e interpretar información sin estar necesariamente vinculado a los intereses comerciales de un proveedor.

Este comportamiento muestra que el productor está dispuesto a compartir información, pero presta cada vez más atención a quién se la entrega y para qué se utiliza.

En ese escenario, el asesor técnico adquiere un papel estratégico: deja de ser solamente quien recomienda prácticas agronómicas para convertirse también en un intermediario fundamental entre los datos, las herramientas digitales y las decisiones de manejo.

Inteligencia artificial: de los datos a las decisiones

Uno de los desafíos que todavía enfrenta la digitalización es transformar el volumen creciente de información en decisiones concretas. De hecho, el 44% de los productores manifiesta que interpretar los datos demanda demasiado tiempo.

Es precisamente en ese punto donde la inteligencia artificial comienza a ganar protagonismo como una herramienta para simplificar procesos, automatizar análisis y facilitar la toma de decisiones.

José Gobbe, profesor de la Universidad Austral y especialista en gestión de empresas agrícolas y de alimentos en Latinoamérica, destaca el posicionamiento que alcanzó Argentina en algunas aplicaciones de estas tecnologías.

"En aplicación selectiva estamos en los mismos niveles de adopción que Estados Unidos entre medianos y grandes productores. Incluso algunas tecnologías que aplican IA on the edge para pulverización selectiva surgieron de productores argentinos y hoy son de los algoritmos más eficientes a nivel global en maíz y soja", sostiene.

La referencia pone de manifiesto que el desarrollo tecnológico argentino no se limita a incorporar soluciones creadas en otros mercados. También existen innovaciones surgidas de las propias necesidades del sistema productivo local que alcanzan relevancia internacional.

La aplicación selectiva, por ejemplo, permite intervenir sobre los sectores que realmente necesitan tratamiento, con potencial para reducir el consumo de fitosanitarios y mejorar la eficiencia de las labores.

Ya no alcanza con vender tecnología: el negocio que viene es el de los servicios

Los resultados de la encuesta permiten identificar una nueva etapa para el mercado de soluciones digitales destinadas al agro argentino.

Por un lado, existe una elevada satisfacción entre quienes ya utilizan estas herramientas: el 82% reconoce beneficios económicos concretos. Por otro, persiste una brecha importante de conocimientos y capacitación, que afecta al 48% de los productores.

Esa combinación abre una oportunidad para las empresas AgTech, los asesores, las universidades y las instituciones vinculadas con la transferencia de conocimiento.

El mercado comienza a demandar algo más que plataformas, sensores, equipos o aplicaciones. Necesita servicios de consultoría, acompañamiento técnico, capacitación e interpretación de datos que permitan aprovechar realmente las inversiones realizadas.

En otras palabras, el diferencial competitivo de las empresas tecnológicas podría estar cada vez menos en vender una herramienta y cada vez más en ayudar al productor a utilizarla correctamente y obtener resultados.

El desafío: que la transformación digital llegue a todo el campo

La transformación tecnológica del agro argentino avanza, pero sus beneficios no están garantizados para todos por igual.

Las diferencias en escala, acceso al financiamiento, disponibilidad de personal capacitado y posibilidades de incorporar conocimientos pueden profundizar la brecha entre empresas que logran aprovechar la digitalización y aquellas que todavía enfrentan dificultades para hacerlo.

Por eso, el desafío no pasa solamente por acelerar la incorporación de nuevas tecnologías, sino también por generar las condiciones para que más productores puedan acceder a ellas y utilizarlas de manera efectiva.

En un negocio cada vez más atravesado por la eficiencia, la información y la capacidad de adaptación, la competitividad dependerá de cómo cada empresa integre estos recursos a su estrategia productiva.

La ENPA 2025 deja una conclusión contundente: el productor argentino ya no necesita que le expliquen por qué la tecnología puede ser importante. En buena medida, ya comprobó sus resultados. Ahora necesita conocimiento, acompañamiento y soluciones que respondan a problemas concretos.

La próxima revolución digital del agro no dependerá solamente de las máquinas, los algoritmos o los datos. También dependerá de las personas capaces de convertir toda esa información en mejores decisiones.

La digitalización del agro argentino dejó atrás la etapa de las promesas. Hoy, la tecnología comienza a demostrar su impacto directo en los resultados económicos de las empresas agropecuarias y gana terreno como una herramienta para reducir costos, mejorar la eficiencia y tomar decisiones productivas con mayor precisión.

Los datos de la Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA 2025), elaborada por el Centro de Agronegocios y Alimentos (CEAg) de la Universidad Austral, muestran un cambio significativo en la relación de los productores con las nuevas herramientas digitales: la desconfianza en el uso de los datos, que en 2021 alcanzaba al 56%, cayó al 11% en 2025.

Pero hay otro indicador que confirma que el proceso ingresó en una nueva etapa: el 82% de los productores que utilizan tecnologías digitales afirma que las inversiones realizadas generaron mejoras medibles en ahorro de costos, eficiencia o rendimientos. Incluso, un 44% manifiesta estar totalmente de acuerdo con que estas herramientas ofrecen un retorno económico positivo.

El dato es relevante porque muestra que la discusión ya no pasa solamente por convencer al productor de incorporar tecnología, sino por demostrar cuánto puede aportar a la rentabilidad de su negocio.

Ahorrar costos, la principal razón para digitalizar el campo

En un contexto en el que los márgenes productivos obligan a revisar cada decisión, la reducción de costos se convirtió en el principal motor de la adopción tecnológica.

Según la encuesta, el 81% de los productores que incorporan herramientas digitales lo hace principalmente para reducir gastos en insumos productivos, como fitosanitarios, fertilizantes y semillas. El objetivo de incrementar los rendimientos aparece en segundo lugar, con el 55%.

La diferencia refleja una transformación en las prioridades del negocio agropecuario: la tecnología ya no se percibe únicamente como una vía para producir más, sino también como una herramienta para producir mejor y utilizar los recursos de manera más eficiente.

Los resultados declarados por los productores respaldan esa tendencia. El 70% reconoce ahorros en los costos generales de su actividad, mientras que el 68% destaca una reducción en el uso de fitosanitarios. Dentro de este último grupo, un 33% considera que la mejora fue significativa.

En fertilizantes, el 65% también reportó ahorros asociados a la incorporación de herramientas digitales.

Así, la agricultura de precisión, la aplicación selectiva y los sistemas de gestión de información empiezan a consolidarse como instrumentos concretos para mejorar la eficiencia económica de las empresas agropecuarias.

El cuello de botella: faltan conocimientos y personal capacitado

Sin embargo, a medida que se reducen las resistencias económicas y culturales frente a la tecnología, aparecen otras limitaciones.

La principal barrera para profundizar la digitalización es ahora el conocimiento. El 48% de los productores identifica la falta de capacitación como un obstáculo, mientras que el 46% señala el costo de las herramientas.

El escenario presenta particularidades según la escala de las empresas. Entre los establecimientos grandes, la falta de recursos humanos capacitados para implementar estas soluciones alcanza el 45% y supera incluso a la restricción económica, mencionada por el 35%.

Esto demuestra que disponer de capital para invertir no siempre alcanza. La incorporación de tecnología requiere personas capaces de implementarla, interpretar la información que genera y transformarla en decisiones productivas.

También aparece una señal de alerta para el ecosistema AgTech: entre los productores considerados adoptantes intensivos, el 40% considera que muchas de las soluciones disponibles no ofrecen respuestas concretas a problemas productivos reales.

El mensaje para las empresas desarrolladoras es claro: ya no alcanza con ofrecer innovación. El productor demanda herramientas que resuelvan necesidades específicas y que demuestren su utilidad en el lote y en los números de la empresa.

Los datos ganan valor y el asesor independiente se fortalece

Otro de los cambios relevantes que identifica la ENPA 2025 está relacionado con la administración de la información productiva.

Actualmente, el 73% de los productores comparte datos con terceros. Se trata de información estratégica, como mapas de rendimiento, muestreos de suelo y curvas de nivel, que permite construir diagnósticos más precisos y mejorar las decisiones agronómicas.

Pero no todos los actores tienen el mismo acceso a esos datos.

La participación de los proveedores de insumos como destinatarios directos de información digital perdió terreno: pasó del 42% en 2021 al 25% en 2025. En paralelo, gana protagonismo el asesor independiente, que se consolida como una figura de confianza para evaluar tecnologías e interpretar información sin estar necesariamente vinculado a los intereses comerciales de un proveedor.

Este comportamiento muestra que el productor está dispuesto a compartir información, pero presta cada vez más atención a quién se la entrega y para qué se utiliza.

En ese escenario, el asesor técnico adquiere un papel estratégico: deja de ser solamente quien recomienda prácticas agronómicas para convertirse también en un intermediario fundamental entre los datos, las herramientas digitales y las decisiones de manejo.

Inteligencia artificial: de los datos a las decisiones

Uno de los desafíos que todavía enfrenta la digitalización es transformar el volumen creciente de información en decisiones concretas. De hecho, el 44% de los productores manifiesta que interpretar los datos demanda demasiado tiempo.

Es precisamente en ese punto donde la inteligencia artificial comienza a ganar protagonismo como una herramienta para simplificar procesos, automatizar análisis y facilitar la toma de decisiones.

José Gobbe, profesor de la Universidad Austral y especialista en gestión de empresas agrícolas y de alimentos en Latinoamérica, destaca el posicionamiento que alcanzó Argentina en algunas aplicaciones de estas tecnologías.

"En aplicación selectiva estamos en los mismos niveles de adopción que Estados Unidos entre medianos y grandes productores. Incluso algunas tecnologías que aplican IA on the edge para pulverización selectiva surgieron de productores argentinos y hoy son de los algoritmos más eficientes a nivel global en maíz y soja", sostiene.

La referencia pone de manifiesto que el desarrollo tecnológico argentino no se limita a incorporar soluciones creadas en otros mercados. También existen innovaciones surgidas de las propias necesidades del sistema productivo local que alcanzan relevancia internacional.

La aplicación selectiva, por ejemplo, permite intervenir sobre los sectores que realmente necesitan tratamiento, con potencial para reducir el consumo de fitosanitarios y mejorar la eficiencia de las labores.

Ya no alcanza con vender tecnología: el negocio que viene es el de los servicios

Los resultados de la encuesta permiten identificar una nueva etapa para el mercado de soluciones digitales destinadas al agro argentino.

Por un lado, existe una elevada satisfacción entre quienes ya utilizan estas herramientas: el 82% reconoce beneficios económicos concretos. Por otro, persiste una brecha importante de conocimientos y capacitación, que afecta al 48% de los productores.

Esa combinación abre una oportunidad para las empresas AgTech, los asesores, las universidades y las instituciones vinculadas con la transferencia de conocimiento.

El mercado comienza a demandar algo más que plataformas, sensores, equipos o aplicaciones. Necesita servicios de consultoría, acompañamiento técnico, capacitación e interpretación de datos que permitan aprovechar realmente las inversiones realizadas.

En otras palabras, el diferencial competitivo de las empresas tecnológicas podría estar cada vez menos en vender una herramienta y cada vez más en ayudar al productor a utilizarla correctamente y obtener resultados.

El desafío: que la transformación digital llegue a todo el campo

La transformación tecnológica del agro argentino avanza, pero sus beneficios no están garantizados para todos por igual.

Las diferencias en escala, acceso al financiamiento, disponibilidad de personal capacitado y posibilidades de incorporar conocimientos pueden profundizar la brecha entre empresas que logran aprovechar la digitalización y aquellas que todavía enfrentan dificultades para hacerlo.

Por eso, el desafío no pasa solamente por acelerar la incorporación de nuevas tecnologías, sino también por generar las condiciones para que más productores puedan acceder a ellas y utilizarlas de manera efectiva.

En un negocio cada vez más atravesado por la eficiencia, la información y la capacidad de adaptación, la competitividad dependerá de cómo cada empresa integre estos recursos a su estrategia productiva.

La ENPA 2025 deja una conclusión contundente: el productor argentino ya no necesita que le expliquen por qué la tecnología puede ser importante. En buena medida, ya comprobó sus resultados. Ahora necesita conocimiento, acompañamiento y soluciones que respondan a problemas concretos.

La próxima revolución digital del agro no dependerá solamente de las máquinas, los algoritmos o los datos. También dependerá de las personas capaces de convertir toda esa información en mejores decisiones.

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