Una Sola Salud: por qué la sanidad animal se volvió una ventaja competitiva para el agro de la región

El Día de Una Sola Salud recuerda que la sanidad animal, la ambiental y la humana están conectadas, y esa conexión ya define quién exporta carne y quién pierde mercados

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Hoy se conmemora el Día de Una Sola Salud (One Health Day), una fecha instaurada en 2016 por la comunidad científica internacional para instalar una idea incomoda para buena parte del sistema productivo: la salud humana, la animal y la ambiental no se pueden separar.

El concepto suena académico, pero tiene traducción directa en los números de cualquier balance agropecuario. Buena parte de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos tiene origen animal, según estimaciones de organismos sanitarios internacionales, y esa estadística dejó de ser un dato de laboratorio.

Pasó a ser una variable de riesgo comercial. En una región como el cordón agroindustrial del Gran Rosario, donde el campo funciona como motor cambiario del país, el estado sanitario de los rodeos pesa tanto como el tipo de cambio o las retenciones.

Un brote puede cerrar de un día para el otro un mercado que tardó años en abrirse. Y, a la inversa, un estatus sanitario sólido puede convertirse en la ventaja competitiva que termina definiendo quién exporta y quién se queda mirando desde afuera.

Algo asi ocurrió cuando la Unión Europea restringió compras de carne brasileña por cuestiones sanitarias, un evento que varios analistas describieron como una oportunidad estratégica para la ganadería argentina, siempre que el país sostenga su propio status sanitario.

Ahí aparece el primer negocio concreto: la bioseguridad de rodeos dejó de ser un gasto administrativo y pasó a ser una inversión defensiva. Vacunación, control de fauna silvestre y monitoreo sanitario funcionan hoy como un seguro contra el cierre de mercados.

El segundo negocio es la trazabilidad. Poder demostrar, con datos verificables, de dónde viene cada animal y qué sanidad tuvo durante su vida se volvió un requisito que piden cada vez más compradores internacionales exigentes.

Los sistemas de identificación electrónica, como los que vienen discutiéndose en la implementación de la trazabilidad ganadera, dejaron de ser una exigencia burocrática para transformarse en un diferencial de precio en el mostrador de exportación.

El tercer negocio, todavía incipiente en la región, es la biotecnología sanitaria. Diagnósticos rápidos a campo, veterinaria de precisión con sensores y modelos de inteligencia artificial que anticipan brotes antes de que se vuelvan visíbles a simple vista.

Empresas que combinan ganadería con datos ya usan collares y cámaras para detectar cambios de temperatura o de comportamiento animal que anticipan una enfermedad varios días antes que el ojo humano.

Esa anticipación tiene un valor económico directo: cada día ganado en la detección reduce los animales afectados, el costo del tratamiento y el riesgo de que la noticia llegue al mercado comprador antes que la solución.

El cuarto frente, menos visible pero creciente, es el de los seguros paramétricos ligados a riesgo sanitario y climático. Instrumentos financieros que indemnizan automáticamente ante determinados eventos, sin esperar peritajes extensos que demoran la recuperación del productor.

También crece la demanda de consultoría especializada en auditorías sanitarias para empresas que buscan certificar procesos ante clientes internacionales cada vez más atentos a cómo se produce lo que compran, no solo a cuánto cuesta.

El enfoque de Una Sola Salud también empuja a mirar el ambiente como parte del mismo negocio. Suelos degradados, agua contaminada o deforestación descontrolada aumentan la probabilidad de que patogenos salten entre especies y lleguen a los humanos.

Para una región agroexportadora, esto redefine qué significa producir bien. Ya no alcanza con el rinde por hectárea: el mercado internacional empieza a mirar también cómo se cuida el entorno donde esa producción ocurre.

Los fondos de inversión con criterios ambientales, sociales y de gobernanza vienen incorporando indicadores sanitarios y de bienestar animal en sus matrices de análisis antes de definir a qué cadenas de valor destinan capital.

Lo que empezó como una agenda de salud pública terminó convirtiéndose en un capítulo de competitividad exportadora, gestión de riesgo financiero y desarrollo tecnológico aplicado al campo, con la región de Rosario entre los territorios con más para ganar o perder en el camino.

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