Resumen Ejecutivo
- El Grupo Corven, con base en Venado Tuerto, entra al negocio de operar rutas nacionales vía su firma Creditech y la constructora Plantel.
- El consorcio presentó la oferta más competitiva —una tarifa de peaje hasta 25% más baja que su rival— por los corredores Portuario Sur y Mediterráneo.
- Los dos tramos suman 1.309 kilómetros de rutas dentro de la Red Federal de Concesiones, el esquema con que el Gobierno pasa la operación vial a manos privadas.
- Corven factura más de u$s800 millones al año, opera seis plantas y da 6.500 empleos; ahora suma la infraestructura vial a un imperio de motos y autopartes.
Una de las mayores empresas en Santa Fe acaba de dar un paso inesperado. El Grupo Corven, el gigante autopartista con base en Venado Tuerto, quedó a un paso de desembarcar en un rubro ajeno a su historia: la operación de rutas nacionales.
Lo hará a través de su firma Creditech, en sociedad con la constructora Plantel. Juntas presentaron la oferta económica más conveniente por dos corredores de la Red Federal de Concesiones, el esquema con que el Gobierno nacional traspasa la gestión vial al sector privado.
Según la apertura de sobres de la Fase B de la Etapa II del proceso, el consorcio ofreció una tarifa de peaje hasta 25% inferior a la de su competidor más cercano. Ese número lo dejó primero en la fila por los corredores Portuario Sur y Mediterráneo, que suman 1.309 kilómetros. La adjudicación aún debe formalizarse, pero en el grupo se muestran confiados.
El salto de una de las mayores empresas en Santa Fe
Para entender la movida hay que mirar quién es Corven. Con más de 57 años de historia y base fabril en el sur santafesino, es una de las compañías industriales más grandes de la provincia. Controla más del 30% del mercado de motos del país y pesa fuerte en autopartes, neumáticos, autos, camiones y buses.
Los números ayudan a dimensionar la escala: factura arriba de u$s800 millones al año, opera seis plantas y emplea a 6.500 personas. Pocas industrias privadas manejan ese tamaño fuera del área metropolitana. Corven es, en los hechos, un caso testigo de cómo una firma del interior puede transformarse en un grupo diversificado.
Que una compañía así se corra de la industria pesada hacia la infraestructura no es un capricho. Operar un corredor vial se parece más a administrar un peaje que a fabricar una moto: hay que cobrar, mantener el asfalto, señalizar y prestar auxilio durante veinte años seguidos.
Es un negocio de flujo largo y previsible, atado a un contrato con el Estado. Mientras el mercado automotor sube y baja al ritmo del crédito y del salario, un peaje cobra todos los días, llueva o truene. Esa previsibilidad funciona como contrapeso de rubros mucho más sensibles al humor de la economía.
La jugada tiene antecedentes en la región. Otras firmas santafesinas vienen apostando a diversificar y a salir de su zona de confort, como se vio con el empresario de maquinaria agrícola que apostó a la competitividad y la internacionalización. La lógica es la misma: usar la espalda de un negocio maduro para entrar en otro con reglas nuevas.
El terreno, además, se está moviendo. La ola de concesiones de infraestructura que el Gobierno viene adjudicando al sector privado abrió una ventana para jugadores nuevos. Donde antes había pocos operadores especializados, ahora entran grupos industriales con capital y ganas de diversificar.
Peajes, riesgos y el tablero de la infraestructura vial
Los dos corredores en juego no son menores. El Portuario Sur abarca 636 kilómetros sobre las rutas nacionales 9 y 188, entre Campana, San Nicolás y Realicó (La Pampa). El Mediterráneo suma otros 672 kilómetros sobre la Ruta Nacional 7, desde Luján hasta el límite entre Córdoba y San Luis.
Para el sur santafesino y el Gran Rosario, la traza importa. Buena parte de la producción regional viaja por esas rutas hacia los puertos y hacia el centro del país. Son los mismos kilómetros por los que circulan a diario los camiones que sostienen la economía de la zona.
Que una empresa con casa matriz en Venado Tuerto —la misma ciudad que hace poco celebró que su conexión aérea con Buenos Aires se volviera realidad— pase a controlar esos tramos no es un detalle. Ata el nombre de un grupo regional a un servicio que usan miles de transportistas.
El modelo, igual, esconde riesgos. Haber ofertado la tarifa más baja es una gran carta para ganar, pero también comprime el margen: con menos ingreso por vehículo, el negocio depende de un tránsito alto y sostenido y de una gestión de costos muy afinada.
A eso se suma que el mantenimiento vial es intensivo en capital y sensible a la inflación en insumos dolarizados, como el asfalto y la maquinaria. Y la rentabilidad queda amarrada a un contrato de largo plazo cuyas reglas puede modificar cada gobierno que llegue.
Ese es el punto fino de estas nuevas etapas de peajes y obras de infraestructura: el que gana se compromete a bajar el costo para el usuario, pero debe sostener la inversión durante dos décadas sin sobresaltos. Para Corven, hecha a los ciclos cortos del mercado automotor, entrar a un negocio de plazos largos es también un cambio de mentalidad.
¿Qué es la Red Federal de Concesiones?
Es el esquema con el que el Gobierno nacional traspasa al sector privado la operación y el mantenimiento de rutas nacionales estratégicas. Las empresas compiten por corredores ofreciendo tarifas de peaje y planes de obra; la propuesta más conveniente queda mejor posicionada para la adjudicación.
¿Qué corredores busca operar Corven?
El consorcio de Creditech y Plantel quedó primero por los corredores Portuario Sur (rutas 9 y 188) y Mediterráneo (ruta 7), que juntos suman 1.309 kilómetros entre Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y San Luis.
¿Por qué una autopartista entra al negocio de las rutas?
Porque le permite diversificar. El negocio vial ofrece ingresos previsibles a veinte años, atados a un contrato con el Estado, y funciona como contrapeso de rubros como las motos o los autos, mucho más expuestos a los vaivenes del consumo.

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