Guerra en Medio Oriente y ola de calor: por qué sube la soja y aprieta a las cerealeras

El precio de la soja subió a valores máximos desde mayo por el rebrote del conflicto entre Estados Unidos e Irán y una ola de calor en los campos de Estados Unidos, pero los productores argentinos vendieron la menor proporción de la cosecha en al menos tres décadas

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La soja cotiza esta semana en sus valores más altos en casi dos meses después de que el conflicto entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar y una ola de calor puso en duda la próxima cosecha en Estados Unidos. Pero en la Argentina el fenómeno tiene una cara B: los productores vendieron apenas el 42% de la cosecha 2025/26 y fijaron precio en solo el 27%, la cobertura más baja desde la campaña 1994/95. Para Bunge y el resto de las cerealeras que procesan y embarcan soja desde el polo agroexportador de Rosario, la suba de precios llega sin el volumen de grano necesario para aprovecharla del todo.

Por qué sube la soja: Ormuz, calor y fondos que vuelven a apostar

El quiebre de la tregua entre Estados Unidos e Irán reactivó el cierre temporal del estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles para el comercio mundial de petróleo, y disparó una prima de riesgo que contagió a los mercados de granos. En Chicago, el aceite de soja encontró piso y subió más del 5% en la semana, hasta rozar los USD 1.600 por tonelada.

El poroto acompañó ese envión, aunque el factor climático pesó tanto como el geopolítico: los pronósticos de olas de calor en la zona sojera de Estados Unidos generaron dudas sobre la oferta de la próxima campaña. A esto se sumó el regreso de la demanda china, que reforzó la expectativa de que el país asiático compre unas 25 millones de toneladas anuales de soja estadounidense, y la vuelta de los fondos especulativos, que en apenas una semana duplicaron sus posiciones compradas hasta sumar 10 millones de toneladas entre futuros y opciones.

Bunge y las cerealeras, con el grano que no aparece

Un informe de Ana Rubicondi, Franco Pennino, Matías Contardi y Bruno Ferrari, de la Bolsa de Comercio de Rosario, precisa que el futuro más cercano de la soja llegó a cotizar USD 441 la tonelada -el valor más alto desde mayo-, aunque después hubo una fuerte corrección y el contrato cerró la semana en USD 334, justo antes de conocerse el informe mensual del USDA. En el mercado interno, el rally de Chicago sostuvo las pizarras locales: la soja se pagó hasta USD 325 la tonelada, un valor que, ajustado por inflación, no se veía desde mediados de mayo.

La cobertura más baja en tres décadas

El problema, para las cerealeras, no es el precio: es la falta de grano. A tres meses de arrancada la campaña 2025/26, apenas se comprometieron 21,8 millones de toneladas en el mercado interno, un 19% menos que el promedio de la última década. Sobre una producción estimada en 51,5 millones de toneladas, solo el 42% de la cosecha tiene contrato y apenas el 27% tiene precio fijado: la menor cobertura física desde al menos la campaña 1994/95. Un año atrás, en la misma fecha, había 20 millones de toneladas con precio -un 50% más que ahora-, pese a que hoy el precio de la soja, ajustado por inflación, es un 8% superior y en dólares, un 21% más alto.

La explicación no es solo especulativa: la abundante oferta de trigo y girasol, con una demanda externa dinámica en el maíz, que ya exportó un volumen récord este año, canalizó la liquidez del campo hacia esos granos y postergó los compromisos sobre la soja. Bunge y el resto de las cerealeras que operan en las terminales del Gran Rosario -el nodo por donde sale más del 80% de las exportaciones agroindustriales del país- compiten hoy por un volumen de poroto más chico que en años anteriores, justo cuando la demanda internacional pide más.

Qué significa esto para las pymes y el complejo agroexportador de Rosario

Para las empresas que integran el clúster agroexportador de Rosario -desde las grandes cerealeras como Bunge hasta las pymes de logística, acopio y transporte que dependen del ritmo de la cosecha- el combo de precios altos y ventas lentas es una fuente de tensión de caja. Cuanto más tarda el productor en vender, más financiamiento de corto plazo necesitan las empresas para sostener el ritmo de molienda y de embarque, en un contexto en el que el riesgo país argentino todavía se mueve cerca de sus mínimos de los últimos años, pero puede reaccionar rápido ante cualquier sobresalto internacional.

La ventaja competitiva, en este escenario, la tienen las compañías con mayor capacidad financiera para comprar grano por adelantado o sostener inventario, mientras que los intermediarios más chicos quedan más expuestos a la volatilidad.

El otro riesgo es la reversión. Si el conflicto en Medio Oriente se desactiva con la misma velocidad con la que escaló, buena parte de la prima de precio actual podría desarmarse en pocos días, tal como ya pasó con el contrato de soja que perdió más de 100 dólares por tonelada en una semana. Para las empresas que compraron grano caro apostando a que la suba se sostenga, ese escenario implica un golpe directo al margen. Es, en definitiva, un mercado que cambió de reglas en los últimos años, con más actores, más demanda financiera y menos previsibilidad que antes.

Preguntas frecuentes

¿Por qué subió el precio de la soja esta semana?

Subió por la reactivación del conflicto entre Estados Unidos e Irán, que reabrió la amenaza de cierre del estrecho de Ormuz y disparó una prima de riesgo en los mercados de commodities, sumada a pronósticos de una ola de calor en la zona sojera de Estados Unidos y al regreso de la demanda china y de los fondos especulativos.

¿Por qué el campo argentino no vende soja pese a la suba de precio?

Porque los productores priorizaron la venta de trigo, maíz y girasol, que tuvieron oferta abundante y demanda externa dinámica, y postergaron los compromisos de soja. La cobertura actual -42% de la cosecha con contrato y 27% con precio fijado- es la más baja desde la campaña 1994/95.

¿Cómo impacta esto en Bunge y las cerealeras de Rosario?

Las empresas que procesan y exportan soja desde el polo de Rosario ven mejorar el precio internacional, pero compiten por un volumen de grano menor al habitual, lo que presiona sus costos de compra, su necesidad de financiamiento de corto plazo y su capacidad de sostener el ritmo de molienda y embarque en el segundo semestre.

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