Importaciones: con casos contundentes, se reconfigura el aparato productivo argentino

El esquema productivo de varias empresas atraviesa una transformación. El cambio responde a una configuración de factores: ¿cuáles son?

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El esquema productivo de varias empresas que operan en Argentina está atravesando una transformación profunda. En distintos sectores (desde electrodomésticos y consumo masivo hasta textiles y autopartes) compañías que históricamente fabricaban en el país comenzaron a reconvertir su modelo de negocios hacia la importación de productos terminados o esquemas mixtos de producción y compra externa.

El cambio responde a una combinación de factores: mayor apertura comercial, competencia con productos asiáticos de bajo costo y nuevas estrategias empresariales para reducir costos y mejorar márgenes en un contexto de consumo debilitado.

Uno de los casos más representativos es el de Lumilagro, tradicional fabricante argentino de termos. La empresa decidió reorganizar su estructura productiva: alrededor del 60% de su oferta pasará a ser importada, mientras que el 40% seguirá fabricándose en el país. Sin embargo, el diseño y el control de calidad continuarán realizándose en Argentina. La decisión se vincula con la creciente competencia de productos asiáticos más baratos y la eliminación de aranceles para importar termos.

El sector de consumo masivo también muestra movimientos similares. Kenvue —compañía escindida de Johnson & Johnson— trasladó parte de la fabricación de su portafolio desde su planta de Pilar hacia Brasil y Colombia. La empresa mantendrá en Argentina un centro logístico y de control de calidad, pero comenzará a importar productos que antes se producían localmente.

Algo similar ocurre en la industria de electrodomésticos. La marca Peabody, operada por el grupo Goldmund, funciona con un esquema híbrido que combina producción nacional con importaciones. En medio de la creciente competencia externa, la empresa incluso debió iniciar un proceso de reestructuración de pasivos para reorganizar su negocio.

El fenómeno también alcanza al sector autopartista. El Grupo Corven, por ejemplo, dejó de fabricar amortiguadores en su planta de Venado Tuerto y pasó a importarlos. En paralelo, reconvirtió parte de su capacidad industrial para el ensamblaje de productos vinculados a la movilidad pesada.

La industria textil, por su parte, atraviesa un cambio silencioso pero profundo. Empresas que hasta hace algunos años producían cerca del 70% de sus prendas en Argentina hoy invirtieron esa proporción: la fabricación se concentra mayoritariamente en Asia —principalmente en China— mientras que el diseño permanece en el país para adaptarse al mercado local.

Este giro hacia la importación refleja una reconfiguración del aparato productivo argentino. Para algunas empresas se trata de una estrategia para ganar competitividad, mientras que para otras representa una respuesta defensiva frente a la presión de costos y a la competencia internacional.

 

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