El oro vuelve a ocupar un lugar central en la estrategia de los bancos centrales. En julio, las autoridades monetarias registraron compras netas por 23 toneladas, encadenando el cuarto mes consecutivo de acumulación, según datos del Fondo Monetario Internacional, los propios bancos centrales y el World Gold Council.
El dato adquiere relevancia porque confirma que la demanda oficial por el metal precioso no responde únicamente a movimientos coyunturales de precios. Detrás de las compras aparece una estrategia de largo plazo vinculada con la diversificación de reservas, la incertidumbre geopolítica y la búsqueda de activos considerados reserva de valor.
China acelera y Polonia mantiene el liderazgo
Entre los principales compradores aparece nuevamente China, que incorporó 20 toneladas de oro durante julio y extendió a 21 meses consecutivos su racha de compras.
Con la adquisición de julio, el Banco Popular de China acumula 60 toneladas en lo que va de 2026 y elevó sus reservas oficiales hasta unas 2.366 toneladas, equivalentes al 8% de sus reservas totales.
Polonia, en tanto, continúa encabezando el ranking anual. Su banco central sumó otras 8 toneladas en julio y lleva adquiridas 90 toneladas durante 2026. Sus reservas alcanzan las 640 toneladas, frente a un objetivo oficial de 700 toneladas.
La diferencia entre ambos casos resulta significativa: mientras China profundiza gradualmente su diversificación, Polonia convirtió al oro en un componente cada vez más relevante de su estrategia de reservas, en un contexto marcado por los riesgos geopolíticos en Europa.
El dato que mira el mercado: la demanda oficial sigue firme
El comportamiento de los bancos centrales es relevante para el mercado del oro porque representa una fuente de demanda con características diferentes a las de los inversores financieros o los consumidores.
Las compras oficiales pueden contribuir a sostener el precio del metal incluso cuando cambian las expectativas sobre tasas de interés, inflación o dólar.
El World Gold Council señaló que las compras de los bancos centrales alcanzaron 289 toneladas durante el segundo trimestre de 2026, después de un primer trimestre mucho más moderado.
El ritmo acumulado de 2026, sin embargo, todavía se encuentra por debajo del registrado durante el mismo período del año pasado: alrededor de 130 toneladas frente a 160 toneladas en 2025, según las compras reportadas.
El dato muestra que no se trata necesariamente de una aceleración lineal, sino de una demanda que se mantiene estructuralmente elevada y que puede intensificarse en determinados períodos.
Rusia y Turquía muestran la otra cara
La tendencia no es uniforme entre todas las autoridades monetarias.
Rusia vendió 6 toneladas durante julio y acumula ventas por 50 toneladas en el año, mientras que Turquía registró una venta de una tonelada en el mes y alcanza 85 toneladas vendidas en 2026.
Estas operaciones muestran que el oro también funciona como un activo de gestión de liquidez. En determinados momentos, los bancos centrales pueden recurrir a sus reservas para atender necesidades financieras o modificar la composición de sus activos.
Por eso, el mercado no solamente sigue cuánto oro compran los bancos centrales, sino también qué países están comprando, cuáles venden y qué proporción representa el metal dentro de sus reservas internacionales.
Una estrategia que excede al precio del oro
La persistencia de las compras oficiales plantea una señal relevante para los mercados financieros: el oro continúa ganando espacio como herramienta de diversificación frente a activos tradicionales.
El fenómeno se produce en un escenario internacional atravesado por conflictos geopolíticos, tensiones comerciales, incertidumbre sobre las monedas y cambios en las expectativas de tasas de interés.
En ese contexto, acumular oro permite a los bancos centrales incorporar un activo que no depende directamente de la solvencia de otro Estado y que históricamente ha funcionado como reserva de valor en períodos de estrés financiero.
El World Gold Council también detectó interés de los bancos centrales por diversificar las modalidades y ubicaciones de custodia de sus reservas, otra señal de que la cuestión del oro excede la mera evolución de su cotización.
El mercado enfrenta una nueva ecuación
Para los inversores, la combinación entre compras oficiales sostenidas y un escenario global de mayor incertidumbre genera un piso de demanda potencial para el metal.
Pero el precio seguirá dependiendo también de variables financieras tradicionales: las decisiones de los principales bancos centrales, el comportamiento del dólar, las tasas reales y la evolución de los riesgos geopolíticos.
La señal más importante, por lo tanto, no está solamente en las 23 toneladas compradas durante julio.
Está en la continuidad de una estrategia que lleva varios años modificando la composición de las reservas internacionales: los bancos centrales están otorgando al oro un papel cada vez más relevante como instrumento de diversificación y cobertura frente a un escenario global más incierto.
Y mientras China continúa comprando y Polonia se acerca a su objetivo de 700 toneladas, el mercado deberá seguir una pregunta clave: ¿hasta qué punto esta tendencia puede sostenerse si el precio del oro continúa en niveles históricamente elevados?

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