El Grupo empresario Pampa Energía discontinuó la producción de caucho sintético en su complejo petroquímico de Puerto General San Martín.
La empresa que preside Marcelo Mindlin atribuyó la decisión a la fuerte caída del mercado local, golpeado por la crisis de la industria del neumático. La unidad acumulaba pérdidas desde hacía más de diez años y operaba por debajo de la mitad de su capacidad instalada.
La decisión alcanza a unos 130 trabajadores de los 500 que se desempeñan en el complejo. Según se pudo saber, los trabajadores serían reubicados en otros proyectos del grupo. El grupo se acaba de embarcar en la construcción de una nueva planta de urea en Bahía Blanca con una inversión de u$s 2.700 millones, la constructora Sacde, Transener y TGS.
“Esta decisión acompaña nuestra estrategia de asignar capital a negocios con mayores perspectivas de crecimiento”, señaló la compañía en un comunicado.
Una crisis que ya se llevó puestos de trabajo
El cierre se suma a una serie de golpes que viene sufriendo la industria del neumático argentina. En febrero, Fate, la histórica fabricante de la familia Madanes Quintanilla, cerró en forma definitiva su planta de San Fernando y despidió a sus 920 trabajadores, tras más de 80 años de producción.
Con esa salida, Pirelli y Bridgestone quedaron como las únicas empresas con producción local de neumáticos, en un sector que convive con una industria automotriz que pierde inversiones frente a Brasil. La presión de las importaciones no da tregua: solo en mayo entraron al país más de 860.000 cubiertas, el mayor volumen mensual en más de dos décadas.
Pirelli también sintió el impacto. En junio paralizó una semana su planta de Merlo y reorganizó turnos: pasó de fabricar 18.000 neumáticos diarios en su mejor momento a entre 3.500 y 4.000 por día, con una dotación 700 trabajadores menor, en un cuadro que se repite en otras industrias pesadas golpeadas por la sobreoferta de importaciones.
Qué significa para las pymes proveedoras de la región
Para las pymes metalmecánicas, de mantenimiento industrial y de logística que trabajan como contratistas del complejo, el cierre de una unidad productiva —aunque no implique despidos directos de personal propio— suele traducirse en menos pedidos y menos horas de trabajo tercerizado.
Es un efecto que no aparece en las estadísticas de empleo formal, pero sí golpea la facturación de proveedores chicos de Rosario y el sur santafesino, que dependen de la actividad de las grandes plantas del cordón industrial.
Pampa Energía, de todos modos, no se retira de la región: sigue invirtiendo con fuerza en otros negocios. Este año destinará u$s 770 millones al desarrollo de Rincón de Aranda, su yacimiento en Vaca Muerta, dentro de un plan de u$s 4.500 millones que proyecta exportaciones por u$s 17.000 millones en tres décadas.
La pregunta para Santa Fe es si ese capital, orientado a energía y logística, alcanza para compensar la salida de industrias manufactureras tradicionales como la del caucho y el neumático, que dan un tipo de empleo distinto al de los grandes proyectos energéticos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué cerró Pampa Energía su planta de caucho en Santa Fe?
La empresa explicó que la unidad acumulaba pérdidas desde hacía más de diez años y operaba muy por debajo de su capacidad, golpeada por la caída de la demanda de la industria del neumático, que redujo sus compras de insumos locales.
¿Qué pasa con los trabajadores de la planta?
De los 500 empleados del complejo de Puerto General San Martín, unos 130 serían reubicados en otros proyectos de Pampa Energía, como la planta de urea de Bahía Blanca, Sacde, Transener y TGS, según informó la compañía.

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