Qué hace felices a los argentinos: dinero, sexo, amigos, ejercicio y una sorprendente brecha generacional

La economía aparece como la mayor preocupación, pero no explica todo. Un estudio de UdeSA y OSDE revela fuertes brechas por edad, ingresos y región, y muestra cuánto pesan familia, amigos, ejercicio, naturaleza, alimentación, sueño, sexo y hasta las pantallas

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Hay una pregunta sencilla que, cuando se intenta medir, abre una radiografía bastante más compleja de la Argentina: ¿qué hace que una persona sienta que está bien?

La respuesta rápida podría ser el dinero. Y hay bastante de eso. La situación económica personal es lo que los argentinos consideran más importante para su bienestar. Pero, paradójicamente, es también aquello con lo que están menos satisfechos.

Arriba aparecen otras cosas bastante más humanas: familia, amigos, vínculos, salud mental y propósito de vida. Y cuando la investigación baja a los hábitos cotidianos, surgen otros protagonistas: comer bien, moverse, dormir, salir al aire libre, encontrarse con otras personas y despegarse un poco de las pantallas.

Ese contraste atraviesa el nuevo Índice de Bienestar UdeSA-OSDE, elaborado por el Laboratorio Observatorio de Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. El estudio relevó a 993 adultos de todo el país con acceso a internet y ubicó en agosto el bienestar argentino en 3,36 puntos sobre 5, prácticamente sin cambios significativos durante los últimos seis meses.

Pero detrás de esa estabilidad aparecen diferencias enormes.

La paradoja del bolsillo

Cuando se pregunta cuáles son las áreas más importantes para sentirse bien, 52% menciona la situación económica, prácticamente empatada con la salud mental y la salud física.

Sin embargo, cuando se mide satisfacción, el ranking se invierte. La familia es la dimensión mejor evaluada: siete de cada diez argentinos están satisfechos con sus vínculos familiares. Los amigos también aparecen muy arriba.

En el extremo opuesto quedan el trabajo y, sobre todo, el dinero. El bolsillo es lo que más importa y, al mismo tiempo, lo que menos satisface.

Eso ayuda a explicar otra fotografía: 40% está satisfecho con su vida personal y 39%, insatisfecho. Pero el futuro cambia el ánimo: 48% cree que dentro de diez años vivirá mejor y sólo 13% piensa que estará peor. El presente divide. El futuro todavía conserva crédito.

El interior le gana a Buenos Aires

Uno de los resultados más llamativos aparece cuando el bienestar se pone sobre el mapa. La región Centro encabeza el ranking nacional, seguida por Cuyo y el Sur. En la otra punta quedan el Gran Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y especialmente CABA, que registra el menor bienestar del país.

La diferencia entre Centro y Capital ronda el 20%. La fotografía desafía una idea bastante instalada: vivir donde se concentran más servicios, oportunidades laborales y oferta cultural no necesariamente significa vivir mejor.

Y la plata vuelve a aparecer cuando se mira la escala social. Los sectores ABC1 y C2 lideran ampliamente el indicador, mientras el segmento D1D2 queda en el último lugar.

Los hábitos importan. Pero las condiciones materiales también.

Boomers arriba, Millennials abajo

Otra sorpresa aparece al mirar la edad. El bienestar aumenta claramente con los años. Los Boomers son quienes mejor se sienten y los Millennials, quienes peor puntúan.

La diferencia se vuelve todavía más fuerte al preguntar por las emociones. Entre los integrantes de Gen Z, 73% sintió preocupación y 72%, estrés durante el día anterior. Entre los Boomers, el estrés cae a apenas 28%.

La soledad muestra otro abismo: alcanza al 37% de los jóvenes y sólo al 13% de los mayores.

La juventud, al menos en esta fotografía, no aparece como sinónimo de felicidad.

Preocupados, pero todavía capaces de sonreír

El estudio también encuentra una fuerte brecha emocional entre hombres y mujeres. Siete de cada diez mujeres sintieron preocupación durante el día anterior. Y en estrés la diferencia es especialmente marcada: 65% entre ellas contra 42% entre los hombres. También son mayores entre las mujeres la tristeza, el enojo y la soledad.

Pero la radiografía general contiene una contradicción interesante. Dos de cada tres argentinos sintieron preocupación y más de la mitad, estrés. Sin embargo, 82% también dijo haber sonreído o haberse divertido, 76% sintió alegría y 70% se mostró optimista.

Preocupación y disfrute, aparentemente, pueden convivir.

Amigos de carne y hueso, no sólo contactos

En tiempos de WhatsApp, Instagram y TikTok, aparece otro hallazgo potente: verse personalmente con otras personas importa mucho.

Quienes prácticamente no tienen reuniones sociales muestran uno de los niveles de bienestar más bajos de toda la investigación. Una sociabilidad presencial activa, en cambio, está asociada con niveles aproximadamente un tercio superiores.

Y las pantallas muestran el movimiento contrario. Los mejores resultados aparecen entre quienes pasan menos de dos horas recreativas diarias frente a ellas. A medida que aumenta la exposición, el bienestar disminuye, especialmente cuando se superan las seis horas.

Una asociación que no demuestra causalidad, pero deja una pregunta interesante: tener más contactos digitales no necesariamente significa tener mejores vínculos.

Comer, moverse, dormir y salir

Los hábitos cotidianos entregan algunas de las diferencias más grandes del estudio. La alimentación aparece como el factor de mayor impacto: quienes consideran que comen muy saludablemente presentan un bienestar casi 40% superior al de quienes califican su dieta como nada saludable.

El aire libre también pesa. Quienes pasan tiempo en contacto con la naturaleza todos los días muestran un bienestar aproximadamente un tercio superior al de quienes casi nunca lo hacen.

Y con el ejercicio aparece una señal particularmente interesante: el gran salto ocurre al pasar de no hacer nada a realizar apenas uno o dos días de actividad física semanal. No hace falta convertirse en atleta.

El sueño completa la ecuación. Quienes duermen ocho horas son los que mejor se sienten. Dormir menos de seis está asociado con una caída importante, mientras superar las ocho tampoco aporta una mejora adicional.

Sexo y bienestar: tener parece pesar más que cuánto

El 37% de los encuestados dijo no haber tenido actividad sexual durante el último mes, y ese grupo muestra menor bienestar que quienes sí tuvieron relaciones.

Pero aparece una curiosidad: más sexo no significa linealmente más bienestar. Quienes tuvieron más de cinco encuentros no muestran una diferencia sustancial frente a quienes tuvieron apenas uno o dos.

La actividad sexual parece asociarse positivamente con el bienestar. La cantidad, mucho menos.

Alcohol, cigarrillo y una sorpresa que exige cautela

Quizás el resultado más contraintuitivo aparezca con el alcohol. Quienes declararon beber con mayor frecuencia registraron niveles superiores de bienestar que quienes no consumieron durante el último mes.

Pero sería incorrecto concluir que beber hace más feliz a alguien. El estudio muestra asociación, no causalidad. Detrás pueden intervenir sociabilidad, edad, ingresos o estilos de vida.

Con el cigarrillo la fotografía cambia: los fumadores diarios presentan menor bienestar que los ocasionales y los exfumadores.

Meditar, terapia y controles médicos

Quienes meditan o rezan varias veces por semana muestran mayor bienestar que quienes nunca lo hacen. Más de la mitad de los entrevistados pertenece a este último grupo.

La terapia psicológica entrega un resultado que exige todavía más cuidado: quienes nunca hicieron terapia muestran mayor bienestar que quienes actualmente recurren a ella.

Eso no significa que la terapia haga peor. Puede ocurrir exactamente lo contrario: quienes atraviesan dificultades emocionales son precisamente quienes tienen mayores motivos para buscar ayuda.

También aparece una relación con la prevención: quienes realizaron un chequeo médico durante el último año presentan mayor bienestar que quienes llevan años sin controlarse.

Entonces, ¿qué hace sentir bien a los argentinos?

Después de recorrer dinero, edad, sexo, amigos, ejercicio, comida, sueño, naturaleza y pantallas, la respuesta resulta menos sencilla de lo que parecía. La plata importa muchísimo. Es la principal preocupación y las brechas sociales muestran que las condiciones materiales pesan.

Pero no alcanza para explicarlo todo. La familia y los amigos son las mayores fuentes de satisfacción. Encontrarse con otras personas, moverse, estar al aire libre, alimentarse mejor, dormir bien y limitar las pantallas aparecen asociados con un mayor bienestar.

Mientras tanto, los jóvenes muestran más estrés y soledad que los mayores, Buenos Aires queda en el fondo del ranking territorial y el presente divide casi por igual a satisfechos e insatisfechos.

Sin embargo, queda una última paradoja. Casi la mitad de los argentinos cree que dentro de diez años vivirá mejor. No parece euforia. Pero tampoco resignación.
 

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