Resumen Ejecutivo
- Los bancos de América Latina incursionan en el negocio cripto impulsados por regulaciones de proveedores de servicios de activos virtuales y el riesgo de perder clientes de alto patrimonio.
- El Banco Central de Brasil fijó octubre de 2026 para autorizaciones formales, impulsando alianzas entre la infraestructura bancaria y la tecnología de los exchanges.
- En Argentina, la adopción de stablecoins alcanzó un 12% de penetración mensual y 5,4 millones de descargas en 2025, superando los u$s730.000 millones a nivel regional.
La pelea por el negocio de las criptomonedas en América Latina está entrando en una nueva etapa. Después de años en los que los bancos miraron al ecosistema cripto con cautela, las principales entidades financieras de la región comenzaron a desarrollar servicios vinculados con custodia, compraventa de activos digitales y operaciones con stablecoins.
El cambio no responde solamente al crecimiento de Bitcoin. Detrás aparecen tres factores: una regulación cada vez más definida, la demanda de los clientes y el riesgo de que los exchanges terminen capturando una parte del negocio financiero tradicional.
Brasil pone el acelerador y obliga a exchanges a mover sus fichas
Uno de los principales puntos de inflexión está en Brasil. El Banco Central estableció octubre de 2026 como fecha límite para que los proveedores de servicios de activos virtuales cuenten con autorización formal para operar.
Para los exchanges, esto implica mayores exigencias de capital, cumplimiento normativo, gestión de riesgos y capacidad operativa. Las plataformas que no logren adaptarse deberán abandonar el mercado, buscar alternativas o modificar su estructura.
Para los bancos, en cambio, el nuevo escenario puede abrir una oportunidad.
Las entidades tradicionales ya cuentan con estructuras de KYC, prevención de lavado de dinero, gestión de riesgos y custodia que forman parte de los requisitos que ahora deben cumplir los jugadores cripto.
En Brasil, bancos como BTG Pactual, Itaú y Nubank ya avanzaron en infraestructura vinculada con stablecoins y operaciones de liquidación transfronteriza.
El verdadero botín: los clientes de mayor patrimonio
La disputa no pasa solamente por quién permite comprar Bitcoin desde una aplicación.
Uno de los principales objetivos de los bancos son los clientes de alto patrimonio que ya tienen exposición a criptomonedas y que comienzan a demandar servicios regulados, locales y vinculados con instituciones financieras tradicionales.
Para las entidades, perder ese negocio puede significar algo más que resignar una operación: también implica poner en riesgo parte del patrimonio administrado y la relación de largo plazo con esos clientes.
Por eso, la primera puerta de entrada de los bancos al mundo cripto es relativamente sencilla: custodia y compraventa de activos digitales.
La custodia, en particular, puede convertirse en una pieza estratégica. Quien mantiene los activos también concentra información sobre las operaciones, los flujos de dinero y la relación financiera con el cliente.
Bancos y exchanges: ¿enemigos o socios?
Aunque el escenario parece plantear una batalla directa, especialistas citados por iProUP advierten que el futuro podría estar marcado por alianzas.
Los bancos tienen una fuerte relación con los clientes, infraestructura financiera, sistemas de cumplimiento y gestión de riesgos. Los exchanges, en cambio, cuentan con experiencia específica en blockchain, liquidez, custodia y ejecución de operaciones.
La combinación de esas capacidades puede resultar más eficiente que intentar que cada sector desarrolle por separado toda la infraestructura necesaria.
Así, el negocio que viene podría definirse por una pregunta diferente: no quién reemplaza a quién, sino quién controla cada parte de la cadena de valor cripto.
El caso argentino tiene una particularidad
Las stablecoins vinculadas al dólar ya ocupan un lugar importante dentro de la economía digital local, especialmente como alternativa frente a la depreciación del peso y las restricciones cambiarias.
Según los datos citados por Bitfinex en el informe utilizado por iProUP, Argentina alcanzó una penetración mensual de usuarios activos del 12% y registró 5,4 millones de descargas de aplicaciones cripto durante 2025.
Ese nivel de adopción genera una base potencial para el desarrollo de servicios dirigidos a clientes institucionales.
Pero existe una diferencia importante respecto de Brasil: mientras el país vecino avanza con un marco regulatorio que está obligando a los exchanges a redefinir sus operaciones, en Argentina los bancos todavía enfrentan restricciones para ofrecer directamente determinados servicios relacionados con criptoactivos.
El usuario cripto dejó de ser solamente un especulador
Otro cambio relevante está en el perfil de los usuarios.
La demanda de activos digitales ya no está explicada únicamente por quienes buscan obtener ganancias mediante operaciones de corto plazo. Las criptomonedas y, especialmente, las stablecoins también son utilizadas para preservar valor, realizar pagos y transferencias internacionales, administrar tesorerías y acceder a activos tokenizados.
De acuerdo con datos del Lemon 2025 Crypto Report citados por Bitfinex, los usuarios activos mensuales de América Latina crecieron durante 2025 a un ritmo tres veces superior al registrado en Estados Unidos. El volumen de actividad regional habría alcanzado los u$s730.000 millones, cerca del 10% del mercado global.
Esto genera una situación inédita: parte de los usuarios cripto ya son, al mismo tiempo, clientes de los bancos tradicionales.
Y ahí aparece la verdadera disputa.
La próxima batalla no será solo por Bitcoin
El negocio que se está formando alrededor de los activos digitales es mucho más amplio que la compraventa de criptomonedas.
La pelea incluye la custodia, la liquidez, las operaciones internacionales, las stablecoins, las emisiones tokenizadas y la administración de patrimonios.
En ese escenario, los bancos tienen un activo que los exchanges necesitan: una enorme base de clientes y una infraestructura financiera consolidada.
Los exchanges, por su parte, tienen una ventaja tecnológica y experiencia acumulada en blockchain que los bancos tardarían años en desarrollar internamente.
Por eso, una de las hipótesis que aparece con mayor fuerza es la de las alianzas: bancos que mantienen el vínculo con el cliente y proveedores cripto que aportan la infraestructura tecnológica.
El nuevo mapa financiero se empieza a definir
Brasil, Argentina, Colombia y El Salvador avanzan por caminos diferentes en materia de regulación y adopción de activos digitales.
El Salvador ya cuenta con un marco específico para la emisión de activos digitales, mientras que Brasil se encamina hacia un esquema de autorización formal para los proveedores de servicios virtuales.
La definición regulatoria puede terminar siendo otro factor de competencia entre países: aquellos que logren combinar reglas previsibles con espacio para la innovación podrían atraer nuevos intermediarios, inversiones y negocios vinculados con la tokenización.
Mientras tanto, en Argentina el desafío pasa por una demanda que ya existe y una industria que continúa creciendo.
La pelea por el negocio cripto dejó de ser una disputa entre Bitcoin y las finanzas tradicionales. Ahora el verdadero campo de batalla es quién se queda con el cliente, quién custodia sus activos y quién controla la infraestructura financiera del futuro.

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