Fue el Covid y también sus replicantes antivacunas, las secuelas de la guerra en Ucrania, el neoliberalismo, la moderación, el deseo de ganar dinero, el reclamo piquetero, los turistas antipatrias en Europa volando por Aerolíneas Argentinas, los supermercadistas que remarcan y por supuesto la derecha. Para el gobierno hay una guerra con tantos enemigos posibles. Sin respiro y sin tregua.

La inflación, la pobreza, la inseguridad, el incremento del delito, la desigualdad, los indigentes viviendo y muriendo en la calle, los adictos comprando la porquería por doquier, eso no jode tanto. Nunca jode tanto.

El gobierno sabotea al gobierno. Los palos en la rueda no los pone la oposición política, ni en la trinchera ni en el parlamento donde en sus pasillos hay una cordialidad temerosa. A Alberto lo ha sometido la conducción y la militancia de un Kirchnerismo que huele hoy una derrota monumental próxima y diseña una estrategia para evitarla. ¿La Argentina volará de palo a palo otra vez?

Raul Castells, Juan Grabois y Aldo Rico, han sabido como presentar sus credenciales de fogoneros en un país necesitado de autobombas y bomberos. En la semana del nocaut hay tipos y estructuras dispuestas a seguir pegándole sin piedad a un moribundo. Y está claro que estar de pie para Alberto es solo una decisión institucional y fotográfica. Tal vez su mayor responsabilidad en su vida política. Seguir siendo Presidente cuando la banda, el bastón y la lapicera están en el despacho de la Presidenta del Senado. Un golpe inédito en la tumultuosa historia política argentina. El “okupa” es conscientemente “okupa”.

Que Raúl Castells haya realizado un acto de reclamo político entre las góndolas de un supermercado Coto es un reflejo de la operación inconsciente de los siempre presentes grupos paraestatales. Sabemos lo que es jugar con una granada dentro de un polvorín. Se eligió Coto, la empresa de Alfredo, que con idas y venidas tuvo y tiene un estrecho vínculo con Cristina. La vice cuando era Presi en 2010 comparaba a Alfredo con Néstor y consideraba a la cadena de ventas de alimentos “la mayor empleadora argentina después del Estado”. Este finde el super vendió su asado a la mitad de precio que los otros supermercados del país. Dato. No opinión. Allí Raul, un pensionado por invalidez desde los 30, hizo un paso de comedia dramática. Una chispa y volamos todos.

Cronistas hablaron de intento de saqueo en Rosario para describir un peligroso acto de un hombre que siempre dijo ejercer la representatividad de la pobreza. Curioso recurso que solo tiene valía si alguien lo muestra. Y aquí operaron medios cercanos al Kaos. Como siempre.

Que Juan Grabois haya metido enojo, gritos y advertencia de violencia política en las calles no es solo un momento de oratoria explosiva. Allí hay una estrategia. Un mensaje del “más allá”. Grabois es sin duda la voz del Papa Francisco en Argentina, el autor junto a Lilita Carrió de la Asignación Universal por Hijo (el mecanismo que iba a terminar con la pobreza hereditaria). Que le haya disparado la frase al presidente advirtiendo que hay “gauchos y gauchas dispuestas a dejar su sangre en las calles para pelear contra la pobreza” es mucho más que otro acting de un dirigente presionado por sus bases. Grabois es también un inteligente referente de los medios. Una voz en la tele. Pero sin billetera o subsidios tiene a sus bases convencidas de esa idea?

Los grupos de la vieja y temida derecha militar salieron a meter su pedazo de pan en una salsa peligrosa. Aldo Rico apareció en un video casero alentando la reunión de los “suyos” para defender a la Patria de quienes quieren llevar al País a ser “Venezuela o Cuba”. Otra declaración de Guerra de un hombre que fue Combatiente de Malvinas, Militar Golpista Carapintada, Intendente, Diputado Nacional y curiosamente uno de los 21 convencionales constituyentes que su partido Modín le aportó a la Reforma Constitucional de 1994.

La guerra de la Argentina es contra sí misma. Siempre evidencia resultados por lo peor de sus disensos. No hay coincidencias salvo la explosión. Las rutas atestadas de camiones con la producción de un país rico (con sus tesoros escondidos o robados) yendo y viniendo, el poder y esfuerzo de su trabajo real, la riqueza de su suelo, no alcanza contra tanto fuego. El miedo, la corrupción y sus privilegios, el pequeñísimo mercado de compra y venta de billetes alcanzan para golpear duro el ánimo colectivo.

Como todo país en guerra nos toca ver a los jóvenes migrar. Aviones con pasajes de ida a cualquier aeropuerto porque como dice Kundera “la vida está en otra parte”. Aunque sabemos que en estos barrios esos fuegos se llevan con uno. Impregnando de dolor las heridas de una tierra que siempre creemos poder salvar de la congoja.

Anoche en Rosario mataron a una mujer e hirieron a su pequeña hija. Enfrentamiento de narcopibitos armados hasta los dientes. En el medio la muerte, en la esquina de esa guerra, (en las calles Maestro Santafesino e Isolda, en la plaza “Rodolfo Walsh”) una pintada que esos pibes ya no leen decía: “La paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras hay pobreza, racismo, discriminación y exclusión difícilmente alcanzaremos un mundo de paz”.


Hoy los extremos se llevan la marca a un rincón del córner. Mientras una dirigencia desorientada deberá buscar soluciones en la mitad de esta cancha embarrada. Batakis viaja a Estados Unidos pidiendo consejos y clemencia a las cajas superiores y Alberto exigiendo al campo que liquide la producción para pasar mucho más que el invierno porque, en este lugar del mundo, los que juegan con fuego no se queman solos.