Santa Fe transcurre sus días en dos dimensiones. Es la semana de las elecciones primarias nacionales, con juego abierto y mucho por observar del resultado que salga de las urnas el próximo domingo. Se superpone con un escenario provincial más avanzado a partir del contundente resultado electoral que obtuvo Unidos en las primarias y particularmente Maximiliano Pullaro, al punto que ya se habla de planes concretos para el 11 de diciembre. Más aún, para el 11 de septiembre, día posterior a las elecciones generales.

El domingo próximo se vota por las candidaturas presidenciales y las listas para la Cámara de Diputados. En la semana Rosario estará en el centro de la escena: el martes confluirán en Rosario Patricia Bullrich por la tarde con un cierre en la explanada del Parque España, y horas antes Sergio Massa se encontrará con estudiantes y jefes comunales de la provincia, visitará empresas de biotecnología y la planta industrial de Electrodomésticos Liliana.

Por su parte, Horacio Rodríguez Larreta, que este sábado recorrió cuatro ciudades del centro-norte provincial, estará en la ciudad el miércoles para aprovechar el escenario que ofrece el congreso anual de los productores de siembra directa (Aapresid). Un día antes hará el cierre en Córdoba, donde se respaldará en referentes de distintas provincias y emergentes, entre ellos el santafesino Maximiliano Pullaro, que en los últimos 15 días ha inspirado al larretismo para instalar la idea del “efecto Santa Fe” en el sprint final de la disputa con Bullrich. 

El “efecto Santa Fe”, de existir, sugiere que a la hora de poner el voto en la urna predominará la preferencia por un discurso moderado y de centro, como el que usó Pullaro frente a Losada, que se pegó a Bullrich y se mimetizó con su perfil duro, de choque y sin grises.

Quienes en Juntos por el Cambio miran desapasionadamente la áspera disputa Bullrich-Larreta se ilusionan con que la interna entre ambos se lleve entre el 35 y 40 por ciento de los votos, a buena distancia del peronismo y de Javier Milei. 

La preocupación de Sergio Massa y Cristina Fernández cuando movieron cielo y tierra para bajar a Daniel Scioli de la carrera presidencial era no agravar ese escenario. El exmotonauta no solo no convocaba un electorado que Massa no pudiera sumar por sí mismo, sino que deterioraba el posicionamiento personal del ministro en vistas a la general de octubre, incluido el riesgo de que la división de votos lo dejara debajo de Milei.

En cambio Juan Grabois no encarna esa amenaza porque, por el contrario, es funcional a la estrategia general en tanto contiene y absorbe la bronca del voto duro cristinista contrariado por la candidatura del ministro de Economía. 

Massa es el candidato competitivo del oficialismo y al mismo tiempo el piloto en medio de la tormenta. Un rato está de campaña provincia por provincia, y al rato hace malabares para negociar con el FMI y conseguir créditos puente para cumplir un cronograma de vencimientos impagable, resultante de la correa de ahorque que Mauricio Macri le puso al país el día que decidió volver al Fondo.

El ministro es una máquina de ganar tiempo para llegar a la otra orilla, y en paralelo tiene que convencer que puede ser el constructor de un futuro diferente a pesar del intento fallido de la experiencia Fernández-Fernández. 

Sus chances van por ahí: que se le reconozca que tomó las riendas en un gobierno debilitado y errático, y una situación económica y financiera que está “mírame y no me toques”, le dio soporte político y evitó males mayores. Su candidatura en buena medida fue posible porque, aun sin conseguir los resultados prometidos, se volvió un imprescindible: nadie quiere que pierda el control de la nave. Los propios por supuesto, pero tampoco los ajenos.

Los planes que teje Pullaro

 

Una de las especulaciones del momento pasa por cuánto influirá la gran elección que hizo Unidos en los resultados del próximo domingo. Larreta recorrió este sábado media provincia con Pullaro para imantarse de ese triunfo electoral. 

Mientras el peronismo provincial se abraza a Massa y busca que la campaña nacional sea el trampolín que lo ponga de nuevo en carrera, en Unidos hay satisfacción por los números que arrojaron las primeras encuestas pos elecciones. “Los votos de Carolina Losada se quedan todos con Pullaro y con los de Mónica Fein hay más dudas, ahí hay que reforzar”, explican cerca del candidato a gobernador. 

Si bien se entrelazan los cronogramas electorales, los plazos entre que pasa una elección nacional y llega la provincial son muy cortos. Ahí se entiende la apuesta del PJ santafesino al efecto movilizador que pueda darle la campaña de Massa y de la lista de diputados que encabeza Germán Martínez, porque sino no dan los tiempos para la titánica remontada que tiene por delante.

El resultado del 16 de julio fue tan contundente en lo que refiere a la gobernación que el recambio institucional quedó asociado a un muy posible cambio de gobierno, con lo cual los planes propuestos por Maximiliano Pullaro durante la campaña tienen otro volumen.

Uno de los más urgentes para el candidato es habilitar la competencia provincial en la persecución del narcomenudeo. El proyecto de ley estará en la Legislatura el 11 de diciembre si es electo gobernador. Más aún, en caso de que Unidos se quedase con el control de ambas cámaras, el proyecto podría ingresar el 11 de septiembre para ganar tiempo y trabajarlo desde su banca de diputado provincial.

Santa Fe debatió mucho en el pasado sobre la conveniencia o no de adherir a la ley de narcomenudeo. Si la propone un Pullaro gobernador, difícilmente en Unidos haya oposiciones. Pero además, sectores del Frente Progresista que en otros momentos no estuvieron de acuerdo cuando eran gobierno, con el tiempo han modificado su mirada y aceptan que la Justicia federal no está en condiciones de hacer esa tarea y que para que la reforma procesal se ponga en marcha van a pasar otros cuatro años. 

La violencia directa y colateral que se genera al expandirse el narcomenudeo, como el brutal caso ocurrido en las últimas horas en San Lorenzo, da la pauta del vacío existente. Durante el corte de la autopista que produjeron vecinos de esa ciudad enardecidos luego de ese hecho, el intendente Leonardo Raimundo le dio al ministro Coordinador de la provincia, Marcos Corach, una pila de denuncias sobre bunkers de venta de drogas presentadas ya a la Justicia federal, lo cual no parece haber servido de nada. La realidad es que quien tiene los recursos y la posibilidad de asumir esa tarea es la Justicia provincial. 

Desde que ganó las primaria. Pullaro está muy encima de los tres temas que eligió como prioridad si es gobernador: seguridad, producción y educación. Mientras Omar Perotti todavía está intentando comprender cuál es la función de un gobernador en materia de seguridad, Pullaro se reúne, habla y se actualiza sobre los hilos finos de la trama de las bandas y la violencia. 

Su convencimiento es que siendo el principal problema de la ciudad la violencia que genera el narcomenudeo, la llave para contrarrestarlo es el Ministerio Público de la Acusación y por lo tanto, en conjunto con sus autoridades, urge reorientar la política de persecución criminal, de la que cree que un gobernador no puede estar ausente, porque por más que se trate de dos poderes distintos deben estar sentados a la misma mesa.

En ese sentido, cree que la renovación reciente de autoridades del MPA debe aprovecharse para reorganizar recursos, ordenar prioridades y superar diferencias internas. 

A diferencia de lo ocurrido en estos cuatro años, el mensaje de Pullaro al MPA es el de que habrá fuerte apoyo político desde el Poder Ejecutivo a la labor de investigación y persecución de las organizaciones criminales, en particular para los fiscales que en los últimos años mostraron compromiso e incluso arriesgaron la vida. 

En esa línea, el candidato mostró su contrariedad por cómo resultó el abordaje judicial por el despliegue de la bandera de Los Monos en el partido de despedida de Maxi Rodríguez. “Puede ser discutible si es delito o no, y si la figura penal era la acertada, pero estamos hablando de fiscales que están dando la batalla contra los tipos que llenaron de sangre la ciudad y manejan la barra de Newell’s. ¿Y la respuesta cuál fue? En la Justicia les pegan y la gente no los apoya”, contó una fuente directa sobre el razonamiento que hizo el candidato.

Estos movimientos de Pullaro contrastan notablemente, incluso desde lo simbólico, con los cuatro años de gestión en materia de seguridad y justicia de Omar Perotti. Ahí radica parte de la explicación del más de medio millón de votos que Pullaro consiguió en la elección primaria, ciertamente un número inusual. A eso se agrega que en los grandes centros urbanos, las seccionales donde ganó y sacó más diferencia son las más vulnerables en términos socioeconómicos y de seguridad.