Luego de más de dos décadas de negociaciones, el Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur obtuvo finalmente luz verde para avanzar hacia su rúbrica definitiva. Pese a las disidencias internas y a los puntos que aún deberán analizarse con cautela, se trata de un entendimiento de carácter histórico que busca dinamizar el comercio bilateral y fortalecer las relaciones diplomáticas entre ambos bloques, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la vulnerabilidad comercial.
En términos generales, el acuerdo prevé la eliminación de aranceles para más del 90% del intercambio entre la Unión Europea y el Mercosur. Mientras que Europa se vería favorecida principalmente en la exportación de vehículos y maquinaria, los países sudamericanos lograrían un mayor acceso de sus productos agropecuarios al exigente mercado europeo.
Precisamente, este punto generó las mayores resistencias dentro de la Unión Europea. El sector agropecuario europeo, con fuerte respaldo del Gobierno francés, manifestó su preocupación por una eventual competencia de productos sudamericanos, producidos bajo marcos regulatorios considerados menos estrictos. Como resultado de estas tensiones, el acuerdo incorpora mecanismos de salvaguardia que permitirán a la UE ejercer controles más rigurosos para evitar distorsiones en su mercado interno.
Dentro del complejo agroexportador, la carne vacuna aparece como uno de los productos más beneficiados. En primer lugar, la eliminación de aranceles impactará de forma directa sobre la actual Cuota Hilton, que hoy tributa un arancel del 20% al ingresar a la Unión Europea.
Además, el acuerdo establece un nuevo cupo anual para el Mercosur de 99.000 toneladas equivalente carcasa, es decir, unas 76.000 toneladas peso producto. Este contingente se implementará de manera gradual a lo largo de cinco años y estará sujeto a un arancel intracuota del 7,5%, muy por debajo del arancel extra-cuota cercano al 50%.
Este volumen se sumará a los cupos ya vigentes —Cuota Hilton y Cuota 481—, aunque con condiciones diferentes. A diferencia de esos regímenes, el nuevo cupo no exigirá un tipo específico de alimentación del ganado, pero sí impondrá límites en la presentación del producto: hasta un 55% podrá ingresar como carne enfriada, mientras que el resto deberá comercializarse congelado.
Un punto aún pendiente es la distribución interna del cupo entre los países del Mercosur. Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay deberán acordar su asignación, una definición que podría convertirse en un nuevo foco de negociación antes de la implementación efectiva del acuerdo.

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