Freno de mano: la falta de infraestructura física amenaza con pinchar la burbuja de inversión en tecnología

El mundo invierte fortunas en software pero olvida el hardware real: sin cobre ni redes modernas, la revolución tecnológica de 2025 se volverá cara, lenta e inflacionaria

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En 2025 el mundo decidió una cosa: hay que poner plata fuerte en inteligencia artificial, ya. Y cuando digo “plata fuerte” no hablo de marketing; hablo de capex real, cemento y fierros, data centers, chips, fibra, energía y cooling. Microsoft dijo que en su año fiscal 2025 está “en camino” a invertir ~USD 80.000 millones para data centers habilitados para IA.  Meta avisó a mercado que espera USD 60–65.000 millones de capex en 2025, empujado por su apuesta de IA y su infraestructura.  Amazon, en boca de Reuters, dejó la señal de un 2025 de ~USD 118.000 millones de gasto de capital.  Y Alphabet terminó elevando su expectativa de capex 2025 a USD 91–93.000 millones y terminó más arriba de lo que venía diciendo meses antes.  Juntá esas cuatro y te queda el retrato del año: Microsoft, Amazon, Meta y Alphabet están en el orden de ~USD 350.000 millones combinados en 2025. 

Ahora, el contraste que preocupa no es “IA sí / IA no”. La IA existe y ya está moviendo el mundo. El problema es otro: estamos financiando el cerebro y dejando a dieta el cuerpo. Porque toda esta fiesta de IA vive sobre algo mucho más básico: electricidad confiable, redes (grids) y metales. Y ahí el ritmo es bastante más lento. El IEA lo dijo con números: hoy se invierten ~USD 400.000 millones por año en redes eléctricas, mientras que se invierte ~USD 1 billón por año en activos de generación; y advierte que, para mantener seguridad eléctrica con demanda creciendo, el gasto en redes debería subir rápido “hacia la paridad” con generación.  O sea: estamos comprando motores como locos, pero la ruta sigue siendo angosta.

Un ejemplo que une los dos mundos (IA + transición energética) en una sola palabra: cobre. Solo la inversión en redes ya se proyecta por encima de USD 400.000 millones en 2025, y la demanda de cobre se recalienta porque modernizar y expandir redes consume toneladas.  En la misma nota, CRU le dijo a Reuters que la demanda de cobre de data centers llegaría a 260.000 toneladas en 2025 (desde 78.000 en 2020) y podría superar 650.000 para 2030.  Traducido: el “mundo nube” también es un “mundo mineral”. No hay magia: hay cables.

Entonces, cuando digo “se invirtió poco en commodities”, no lo digo como slogan anti-tech; lo digo porque los propios organismos y medios serios vienen marcando el freno en la parte más incómoda del ciclo: minería, refinación y capacidad nueva. Un reporte del IEA citado por The Wall Street Journal señala que el crecimiento del gasto de capital en minerales críticos se enfrió a ~5% en 2024, versus ~14% en 2023, y alerta que con las tendencias actuales podría haber un faltante de ~30% de cobre hacia 2035.  (Y por si alguien piensa “bueno, pero el mercado siempre responde”: el punto es que responder tarda; abrir una mina grande, con permisos e infraestructura, no es un sprint).

Acá viene mi opinión, clara y sin vueltas: 2025 puede estar sembrando un cuello de botella. Si el capital global pone el acelerador a fondo en IA (bien), pero no acompaña con la misma convicción la inversión en redes, transformadores, cables, y oferta futura de metales, el resultado natural no es “más innovación”; es más fricción: energía más cara y más volátil, demoras de infraestructura, y cuellos de botella que terminan siendo inflación de costos para todo lo que depende de electricidad (que es… todo). El IEA ya te está diciendo que el cuello no es solo “generar energía”, sino moverla. 

El mercado está premiando la escalabilidad digital, pero el mundo físico sigue teniendo la última palabra. Podés tener el mejor modelo del planeta, pero si la red está saturada o si falta cobre para el upgrade, el crecimiento se vuelve caro, lento, político. La IA es software; su base es infraestructura, permisos, commodities y supply chains.

Si tuviera que dejar una sola idea para pensar: la gran apuesta de 2025 no es solo “quién gana en IA”. Es también quién se anima a financiar lo aburrido pero imprescindible. Porque lo que falta no es narrativa; lo que falta es kilovatios, cables y metal.

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