La noticia que sacudió los cimientos de Washington este viernes no tardó en cruzar el continente y aterrizar con fuerza en las oficinas de las terminales portuarias y los directorios de nuestra región. Lo que hace apenas quince días se celebraba como un camino despejado para que la producción nacional inundara las góndolas estadounidenses, acaba de toparse con un freno institucional que nadie vio venir. En una decisión que pateó el tablero de la geopolítica comercial, la Corte Suprema de Estados Unidos dejó sin efecto el esquema de aranceles recíprocos que la administración Trump venía utilizando como su principal herramienta de negociación. Para quienes ya estaban descorchando por el acuerdo del 5 de febrero, el panorama cambió en un abrir y cerrar de ojos, obligando a recalcular cada centavo de la hoja de ruta exportadora.
Imaginemos por un momento a un productor de nuestra zona, llamémoslo "Roberto", quien después de años de pelear márgenes, finalmente vio la luz con la ampliación de la cuota de carne bovina a 100.000 toneladas con arancel cero. Roberto ya estaba proyectando inversiones en frío y logística, confiado en que sus competidores de Brasil o Vietnam seguirían afuera del juego, castigados por los aranceles punitivos de Trump. Esa ambición legítima de conquistar el mercado más exigente del mundo se chocó de frente con la realidad jurídica: la ventaja competitiva no era por eficiencia propia, sino por una barrera ajena que hoy se desvaneció. El fallo del máximo tribunal estadounidense, con una mayoría de seis votos contra tres, no es un simple tecnicismo legal; es la confirmación de que el "escudo protector" que nos diferenciaba del resto de los países de la región ha quedado reducido a papel mojado.
¿Por qué este fallo nos pega en el bolsillo local? La respuesta es simple y dolorosa a la vez: la exclusividad se terminó. Si antes el esquema arancelario nivelaba la cancha a favor de la Argentina castigando a los demás, ahora la puerta se abrió para todos. No es que el acuerdo bilateral deje de existir, pero perdió su ventaja relativa. Cuando todos entran con arancel cero, ya no importa quién es el "amigo" del presidente de turno, sino quién puede poner el producto en el puerto de destino al precio más bajo y con la mejor calidad. Es el fin de la "prima por amistad" y el regreso a la competencia pura y dura en el barro del comercio global.
El efecto dominó: del agujero fiscal en Washington a la tasa de interés local
El impacto no se queda solo en el puerto. El máximo tribunal estadounidense no sólo anuló los gravámenes, sino que delegó en instancias inferiores la decisión sobre los reembolsos a los importadores. Estamos hablando de una suma astronómica, cercana a los US$ 170.000 millones, que el Tesoro de Estados Unidos podría tener que devolver. ¿Qué significa esto para un empresario que busca crédito en nuesta región? Mucho más de lo que parece. Un hueco fiscal de esa magnitud en la principal economía del mundo presiona inmediatamente al alza las tasas de interés de largo plazo. Cuando el socio mayoritario tiene problemas de caja, el financiamiento se vuelve más caro para todos, y esa volatilidad ya se empezó a sentir en las pizarras con el riesgo país y la cotización de los activos financieros.
En el mundo de los negocios, la soberbia de creerse intocable por un acuerdo político es el primer paso hacia el fracaso. Muchos pensaron que con la firma del acuerdo bilateral la historia estaba terminada, pero la seguridad jurídica en Estados Unidos volvió a demostrar que las reglas de juego pueden cambiar incluso cuando los contratos parecen estar sellados a fuego. Esta nueva realidad obliga a las empresas, especialmente a las que exportan valor agregado como el aluminio de Aluar o productos químicos, a mirar hacia adentro. Si el beneficio arancelario se diluye, la única forma de sostener el margen es a través de la eficiencia operativa. ¿Se puede ser competitivo con la actual estructura de costos logísticos internos? ¿Podemos competir con un Brasil que ahora entra al mercado norteamericano sin el lastre del 50% de arancel que le habían impuesto?
Para entenderlo de manera didáctica, es como si un club exclusivo de repente decidiera que la membresía es gratuita para todo el barrio. Los que ya estaban adentro y se sentían especiales ahora tienen que compartir la pileta y el buffet con todos los demás. La envidia de los competidores regionales, que hasta ayer miraban de afuera, hoy se transforma en una amenaza real. Aquellas PyMEs locales que no tengan la agilidad para renegociar sus contratos o para buscar certificaciones de nicho que las diferencien por calidad, van a sufrir el rigor de un mercado que no perdona la lentitud. La agilidad para adaptarse será la que separe a los ganadores de los que se queden atrapados en la nostalgia de un beneficio que duró apenas dos semanas.
Estrategias de supervivencia ante la paridad arancelaria
Ante este escenario de incertidumbre, surge una pregunta inevitable: ¿hay que salir corriendo de los negocios con Estados Unidos? Claro que no, pero hay que cambiar la forma de jugar. El primer paso es una auditoría de costos logísticos a fondo. En un escenario de paridad arancelaria, el costo de "puesta en puerto" es el que define quién se queda con el cliente. No podemos permitirnos ineficiencias en el transporte terrestre o en la gestión aduanera cuando el competidor de al lado está afinando el lápiz al máximo.
Por otro lado, la vigilancia competitiva se vuelve vital. Monitorear los precios de los competidores directos en sectores clave como la metalmecánica y los agroindustriales es ahora una tarea diaria. Ya no alcanza con saber a cuánto vendemos nosotros; hay que saber a cuánto está ofreciendo Brasil su carne o México sus componentes industriales ahora que no tienen el freno de mano puesto. La información es poder, y en este nuevo mapa comercial, el que tiene el dato más fresco es el que logra cerrar el negocio.
Es momento de reflexionar sobre la verdadera fortaleza de nuestras empresas. El acuerdo bilateral sigue siendo una herramienta valiosa porque refuerza marcos institucionales, exige normas de patentes y busca una integración financiera que a largo plazo puede ser más trascendente que un descuento en la aduana. Sin embargo, el "dulce" del arancel cero exclusivo se terminó. La apuesta ahora debe ser al valor agregado y a la confiabilidad como proveedores. Estados Unidos sigue siendo un mercado de oportunidades, pero ya no hay atajos políticos que valgan. El mercado es un juez severo y este viernes dictó su sentencia: solo los más eficientes sobrevivirán a la caída de los muros de Trump.

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