Patrimonio Audiovisual: el día que la Unesco recuerda un archivo que vale miles de millones

La Unesco conmemora este 27 de octubre un patrimonio que se degrada en silencio, mientras discográficas y plataformas de streaming pagan miles de millones por rescatarlo con inteligencia artificial

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Hoy, 27 de octubre, se conmemora el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, una fecha que la Unesco instituyó en 2005 para llamar la atención sobre un activo que casi nadie valora hasta que está a punto de desaparecer: el archivo.

La elección de la fecha no es casual. El 27 de octubre de 1980, la Unesco aprobó la Recomendación para la Salvaguardia y la Conservación de las Imágenes en Movimiento, primer intento por reconocer al cine, la radio y la televisión como memoria colectiva.

Detrás del tono solemne hay una advertencia práctica: millones de horas de película, cinta magnética y video quedan ilegibles cada año porque los soportes se degradan o los formatos se vuelven obsoletos antes de que alguien los digitalice.

La paradoja es que conservar también cuesta. Migrar cintas viejas a servidores en la nube, etiquetar cada archivo y mantenerlo accesible generaron una industria entera de almacenamiento y gestión digital que crece al ritmo de estos hallazgos.

Mientras eso ocurre, la industria descubrió que esos mismos archivos valen fortunas. Sony Music Publishing pagó cerca de 4.000 millones de dólares por un catálogo que incluye los derechos de Justin Bieber y Neil Young, entre otros artistas.

No fue un caso aislado. El mercado global de compraventa de catálogos musicales superó los 13.000 millones de dólares en 2025, según firmas especializadas en valuación de propiedad intelectual, un número que crece año a año.

La lógica es simple: una canción o una película vieja ya pagó su costo de producción hace décadas. Cada nueva licencia o cada uso en una plataforma de streaming es casi pura ganancia para quien tiene los derechos.

La inteligencia artificial potenció ese negocio. Las mismas herramientas que separan voces, limpian ruido y mejoran la resolución de un video viejo permitieron reconstruir grabaciones que parecían perdidas para siempre.

El caso más conocido es el de Los Beatles: en 2023, un algoritmo logró aislar la voz de John Lennon de una grabación casera de los años setenta y así nació una canción nueva de una banda que ya no existe.

Ese tipo de resurrección no es exclusivo de las discográficas. La fotografía atraviesa una revalorización parecida, impulsada por la misma tecnología que hoy restaura archivos sonoros y visuales.

La pregunta para cualquier empresa, diario, radio o municipio con archivos propios es si está sentado sobre un activo dormido. Décadas de filmaciones institucionales, publicidades viejas o registros sonoros pueden valer más de lo que nadie calculó todavía.

En la región centro, esa oportunidad está casi intacta. Universidades, clubes centenarios, radios históricas y empresas familiares con décadas de filmaciones todavía no digitalizaron buena parte de ese material, que hoy podría tener comprador.

Hay otro comprador menos visible: las empresas de inteligencia artificial necesitan contenido con derechos claros para entrenar sus modelos, y ese apetito empuja todavía más el precio de los archivos bien documentados y sin conflictos legales.

El fenómeno también redefine cómo se piensa un negocio a partir de lo intangible. Una marca personal bien gestionada puede valer tanto como una fábrica, y un archivo audiovisual bien curado sigue la misma lógica financiera.

Por eso las plataformas grandes pelean cada vez más fuerte por quedarse con contenidos exclusivos. La disputa entre gigantes del streaming por los derechos deportivos muestra hasta dónde está dispuesta a llegar la industria por contenido que atraiga audiencia.

El riesgo, advierte la Unesco, es que el archivo se pierda antes de que alguien note su valor. Un disco rígido sin mantenimiento o un formato descontinuado pueden borrar décadas de historia económica y cultural en silencio.

Entre la nostalgia del aniversario y el cálculo financiero de discográficas y plataformas, el patrimonio audiovisual deja una enseñanza poco romántica: lo que ayer era un gasto de almacenamiento hoy puede convertirse en una línea de ingresos.

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