Resumen Ejecutivo
- La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta un rendimiento promedio de 43,6 quintales por hectárea para el trigo en la región núcleo, alcanzando una producción estimada de 6,7 millones de toneladas.
- El cultivo enfrenta riesgos sanitarios debido a la presencia de fusarium con incidencias reportadas de hasta el 20% en zonas como Aldao, amenazando la calidad y el volumen final.
- Los márgenes productivos evidencian una fuerte disparidad: se proyecta un beneficio neto de US$ 87 por hectárea en campo propio frente a un resultado negativo de US$ 130 por hectárea en campos alquilados.
El trigo de la región núcleo vuelve a dar señales de una campaña por encima de los promedios históricos. En un año marcado por temperaturas inusuales, menor radiación solar y episodios de heladas, los técnicos detectan lotes con una cantidad de espigas que alimenta las expectativas de buenos rindes. Pero el potencial todavía debe atravesar una etapa decisiva: el llenado de granos, con el fusarium como una de las principales amenazas.
Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), técnicos de Aldao, en el sur de Santa Fe, reportaron recuentos de hasta 500 espigas por metro cuadrado. Aunque el registro queda por debajo de las 600 espigas observadas el año pasado, representa un valor excepcional para la zona.
La referencia permite dimensionar el escenario: en campañas relativamente buenas, alcanzar entre 350 y 450 espigas por metro cuadrado ya constituye un resultado destacado. Por eso, la posibilidad de repetir una campaña triguera por encima de las medias regionales genera expectativas, aunque los rindes finales dependerán de cómo evolucione el cultivo hasta la cosecha.
Un potencial de 43,6 quintales por hectárea
La primera estimación de la BCR ubicó el rendimiento promedio de la región núcleo en 43,6 quintales por hectárea, unos cinco quintales por encima del promedio de los últimos cinco años, calculado en 38,3 quintales por hectárea.
Con una superficie sembrada estimada en 1,6 millones de hectáreas, la región podría alcanzar una producción de 6,7 millones de toneladas. Se trata de una perspectiva relevante para una campaña que atravesó condiciones ambientales poco habituales y que todavía tiene variables por resolver antes de confirmar su resultado.
La comparación histórica también explica el interés del sector. De acuerdo con el relevamiento de la entidad, desde 2010 solo cuatro campañas habían superado los 40 quintales por hectárea en la región núcleo. Si las proyecciones se concretan, el ciclo actual volvería a ubicarse entre los de mejor desempeño.
El estado general acompaña esas expectativas: el 70% del trigo se encuentra en condiciones excelentes o muy buenas. Sin embargo, el 80% está en llenado de granos y el 20% restante continúa en floración, por lo que todavía es necesario evaluar el efecto de las últimas heladas y la evolución sanitaria de los lotes.
Fusarium: la alerta que puede cambiar las cuentas
La principal preocupación sanitaria es la aparición de fusarium en espigas de trigo. En Aldao, los técnicos reportaron presencia de la enfermedad en entre el 15% y el 20% de los casos relevados, con situaciones de distinta severidad: desde espiguillas afectadas hasta espigas comprometidas en gran parte de su estructura.
El problema no es menor. El fusarium puede reducir el número de granos y su peso, con consecuencias directas sobre el rendimiento y la calidad de la producción. En epidemias severas, las pérdidas de productividad pueden alcanzar entre el 30% y el 70%, según advierte el informe de la BCR. Ese rango describe escenarios graves y no constituye una estimación de pérdidas para la campaña actual.
Aunque octubre no presentó en toda la región las condiciones ambientales más favorables para el desarrollo de la enfermedad, su detección obliga a sostener los monitoreos y evaluar la situación de cada lote.
Para el productor, el desafío consiste en no confundir un elevado número de espigas con un rendimiento asegurado. El resultado final dependerá también de la formación y el peso de los granos, del estado sanitario y de los posibles daños acumulados durante las últimas semanas.
Heladas: daños puntuales y diferencias entre zonas
Las bajas temperaturas también dejaron señales en algunos cuadros. En el sudeste de Córdoba y el centro-sur de Santa Fe se detectaron daños puntuales, mientras que en localidades como María Susana y Bigand se informaron lesiones leves con afectación de espiguillas.
La magnitud definitiva de esos daños todavía debe evaluarse. En un cultivo que atraviesa etapas determinantes para la definición del rendimiento, las diferencias entre ambientes y lotes pueden traducirse en resultados productivos dispares.
Por eso, la evolución del trigo durante las próximas semanas será clave para determinar cuánto del potencial observado llegará efectivamente a cosecha.
Márgenes en campo propio y alquilado: las dos caras
La ecuación económica agrega otro contraste a la campaña. Para un precio a cosecha de diciembre de 2026 de US$ 21,3 por quintal y un rendimiento de referencia de 40 quintales por hectárea, la BCR calcula un margen neto de US$ 87 por hectárea en campo propio.
En campo alquilado, en cambio, el resultado estimado es negativo en US$ 130 por hectárea, considerando un alquiler equivalente a 18 quintales de soja y su prorrateo según el tiempo de ocupación del cultivo.
La diferencia evidencia el peso que tiene la estructura de costos en la rentabilidad triguera. Un buen rendimiento puede mejorar los ingresos, pero no garantiza el mismo resultado para todas las empresas: la tenencia de la tierra, el costo del alquiler y los gastos de producción modifican sustancialmente el margen final.
La comparación interanual muestra una mejora en el escenario de precios utilizado por la entidad. En noviembre de 2025, con un valor de referencia de US$ 18,3 por quintal, el margen neto estimado en campo propio era de US$ 59 por hectárea, mientras que la pérdida en campo alquilado alcanzaba los US$ 158 por hectárea.
Sin embargo, la tendencia reciente del mercado introduce incertidumbre. La BCR señaló que el trigo registró leves bajas durante la última semana, en un contexto en el que la posibilidad de una mayor oferta exportable rusa suma presión sobre las cotizaciones internacionales.
Rusia vuelve a entrar en el radar del mercado
Las perspectivas productivas locales no se desarrollan de manera aislada. La oferta mundial y la evolución de los precios internacionales inciden directamente sobre el valor que puede capturar el productor argentino al momento de comercializar su cosecha.
Según el análisis citado por la BCR, la autorización rusa para reanudar la salida de buques con granos desde el mar de Azov mejoró las perspectivas de disponibilidad exportable y agregó presión sobre los precios.
El trigo, además, ganó importancia en la planificación económica de los establecimientos de la región central. La combinación trigo-soja de segunda se convirtió en una pieza relevante para los ingresos de muchas empresas, de modo que una modificación en las cotizaciones puede repercutir sobre el resultado de toda la rotación.
Así, la campaña presenta una doble lectura: el cultivo puede ofrecer un volumen interesante, pero la rentabilidad dependerá tanto de los kilos efectivamente cosechados como del precio obtenido y de los costos afrontados.
La soja avanza y el maíz todavía busca recuperarse del frío
Mientras el trigo transita su etapa final de definición, la siembra de soja de primera comenzó a ganar ritmo en la región núcleo. Durante la última semana se implantaron unas 350.000 hectáreas, con un avance total del 12%.
El sudeste de Córdoba lidera las labores, con el 15% del área prevista sembrada. El centro-sur y el sur de Santa Fe alcanzan el 12%, mientras que el norte de Buenos Aires registra un avance del 8%. Las bajas temperaturas siguen condicionando el ritmo de implantación.
En maíz, las consecuencias de las heladas generan situaciones dispares. En María Susana, los técnicos advirtieron sobre deterioros en el crecimiento y en el stand de plantas, con posibles caídas del potencial de rendimiento de entre el 10% y el 30%. Cerca de Rosario, en cambio, se observa una recuperación en los lotes, especialmente en aquellos con una nutrición adecuada.
La respuesta definitiva todavía está abierta y dependerá de la capacidad de recuperación de los cultivos durante los próximos días.
Una campaña que aún debe transformar potencial en resultados
El panorama triguero de la región núcleo combina indicadores productivos alentadores con riesgos sanitarios, sanitarios y comerciales. Las 500 espigas por metro cuadrado detectadas en el sur de Santa Fe refuerzan la expectativa de rindes superiores a los promedios, pero no alcanzan por sí solas para garantizar una cosecha excepcional.
El fusarium obliga a extremar la atención sobre las espigas, las heladas exigen evaluar posibles pérdidas y el mercado internacional puede modificar las expectativas de ingreso. A su vez, las diferencias entre campo propio y alquilado recuerdan que el rendimiento no es el único factor que define el resultado de una empresa agropecuaria.
La campaña entra así en una etapa decisiva: el desafío será convertir el potencial que muestran los lotes en granos cosechados, con calidad comercial y márgenes que permitan sostener la rentabilidad.
El trigo de la región núcleo vuelve a dar señales de una campaña por encima de los promedios históricos. En un año marcado por temperaturas inusuales, menor radiación solar y episodios de heladas, los técnicos detectan lotes con una cantidad de espigas que alimenta las expectativas de buenos rindes. Pero el potencial todavía debe atravesar una etapa decisiva: el llenado de granos, con el fusarium como una de las principales amenazas.
Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), técnicos de Aldao, en el sur de Santa Fe, reportaron recuentos de hasta 500 espigas por metro cuadrado. Aunque el registro queda por debajo de las 600 espigas observadas el año pasado, representa un valor excepcional para la zona.
La referencia permite dimensionar el escenario: en campañas relativamente buenas, alcanzar entre 350 y 450 espigas por metro cuadrado ya constituye un resultado destacado. Por eso, la posibilidad de repetir una campaña triguera por encima de las medias regionales genera expectativas, aunque los rindes finales dependerán de cómo evolucione el cultivo hasta la cosecha.
Un potencial de 43,6 quintales por hectárea
La primera estimación de la BCR ubicó el rendimiento promedio de la región núcleo en 43,6 quintales por hectárea, unos cinco quintales por encima del promedio de los últimos cinco años, calculado en 38,3 quintales por hectárea.
Con una superficie sembrada estimada en 1,6 millones de hectáreas, la región podría alcanzar una producción de 6,7 millones de toneladas. Se trata de una perspectiva relevante para una campaña que atravesó condiciones ambientales poco habituales y que todavía tiene variables por resolver antes de confirmar su resultado.
La comparación histórica también explica el interés del sector. De acuerdo con el relevamiento de la entidad, desde 2010 solo cuatro campañas habían superado los 40 quintales por hectárea en la región núcleo. Si las proyecciones se concretan, el ciclo actual volvería a ubicarse entre los de mejor desempeño.
El estado general acompaña esas expectativas: el 70% del trigo se encuentra en condiciones excelentes o muy buenas. Sin embargo, el 80% está en llenado de granos y el 20% restante continúa en floración, por lo que todavía es necesario evaluar el efecto de las últimas heladas y la evolución sanitaria de los lotes.
Fusarium: la alerta que puede cambiar las cuentas
La principal preocupación sanitaria es la aparición de fusarium en espigas de trigo. En Aldao, los técnicos reportaron presencia de la enfermedad en entre el 15% y el 20% de los casos relevados, con situaciones de distinta severidad: desde espiguillas afectadas hasta espigas comprometidas en gran parte de su estructura.
El problema no es menor. El fusarium puede reducir el número de granos y su peso, con consecuencias directas sobre el rendimiento y la calidad de la producción. En epidemias severas, las pérdidas de productividad pueden alcanzar entre el 30% y el 70%, según advierte el informe de la BCR. Ese rango describe escenarios graves y no constituye una estimación de pérdidas para la campaña actual.
Aunque octubre no presentó en toda la región las condiciones ambientales más favorables para el desarrollo de la enfermedad, su detección obliga a sostener los monitoreos y evaluar la situación de cada lote.
Para el productor, el desafío consiste en no confundir un elevado número de espigas con un rendimiento asegurado. El resultado final dependerá también de la formación y el peso de los granos, del estado sanitario y de los posibles daños acumulados durante las últimas semanas.
Heladas: daños puntuales y diferencias entre zonas
Las bajas temperaturas también dejaron señales en algunos cuadros. En el sudeste de Córdoba y el centro-sur de Santa Fe se detectaron daños puntuales, mientras que en localidades como María Susana y Bigand se informaron lesiones leves con afectación de espiguillas.
La magnitud definitiva de esos daños todavía debe evaluarse. En un cultivo que atraviesa etapas determinantes para la definición del rendimiento, las diferencias entre ambientes y lotes pueden traducirse en resultados productivos dispares.
Por eso, la evolución del trigo durante las próximas semanas será clave para determinar cuánto del potencial observado llegará efectivamente a cosecha.
Márgenes en campo propio y alquilado: las dos caras
La ecuación económica agrega otro contraste a la campaña. Para un precio a cosecha de diciembre de 2026 de US$ 21,3 por quintal y un rendimiento de referencia de 40 quintales por hectárea, la BCR calcula un margen neto de US$ 87 por hectárea en campo propio.
En campo alquilado, en cambio, el resultado estimado es negativo en US$ 130 por hectárea, considerando un alquiler equivalente a 18 quintales de soja y su prorrateo según el tiempo de ocupación del cultivo.
La diferencia evidencia el peso que tiene la estructura de costos en la rentabilidad triguera. Un buen rendimiento puede mejorar los ingresos, pero no garantiza el mismo resultado para todas las empresas: la tenencia de la tierra, el costo del alquiler y los gastos de producción modifican sustancialmente el margen final.
La comparación interanual muestra una mejora en el escenario de precios utilizado por la entidad. En noviembre de 2025, con un valor de referencia de US$ 18,3 por quintal, el margen neto estimado en campo propio era de US$ 59 por hectárea, mientras que la pérdida en campo alquilado alcanzaba los US$ 158 por hectárea.
Sin embargo, la tendencia reciente del mercado introduce incertidumbre. La BCR señaló que el trigo registró leves bajas durante la última semana, en un contexto en el que la posibilidad de una mayor oferta exportable rusa suma presión sobre las cotizaciones internacionales.
Rusia vuelve a entrar en el radar del mercado
Las perspectivas productivas locales no se desarrollan de manera aislada. La oferta mundial y la evolución de los precios internacionales inciden directamente sobre el valor que puede capturar el productor argentino al momento de comercializar su cosecha.
Según el análisis citado por la BCR, la autorización rusa para reanudar la salida de buques con granos desde el mar de Azov mejoró las perspectivas de disponibilidad exportable y agregó presión sobre los precios.
El trigo, además, ganó importancia en la planificación económica de los establecimientos de la región central. La combinación trigo-soja de segunda se convirtió en una pieza relevante para los ingresos de muchas empresas, de modo que una modificación en las cotizaciones puede repercutir sobre el resultado de toda la rotación.
Así, la campaña presenta una doble lectura: el cultivo puede ofrecer un volumen interesante, pero la rentabilidad dependerá tanto de los kilos efectivamente cosechados como del precio obtenido y de los costos afrontados.
La soja avanza y el maíz todavía busca recuperarse del frío
Mientras el trigo transita su etapa final de definición, la siembra de soja de primera comenzó a ganar ritmo en la región núcleo. Durante la última semana se implantaron unas 350.000 hectáreas, con un avance total del 12%.
El sudeste de Córdoba lidera las labores, con el 15% del área prevista sembrada. El centro-sur y el sur de Santa Fe alcanzan el 12%, mientras que el norte de Buenos Aires registra un avance del 8%. Las bajas temperaturas siguen condicionando el ritmo de implantación.
En maíz, las consecuencias de las heladas generan situaciones dispares. En María Susana, los técnicos advirtieron sobre deterioros en el crecimiento y en el stand de plantas, con posibles caídas del potencial de rendimiento de entre el 10% y el 30%. Cerca de Rosario, en cambio, se observa una recuperación en los lotes, especialmente en aquellos con una nutrición adecuada.
La respuesta definitiva todavía está abierta y dependerá de la capacidad de recuperación de los cultivos durante los próximos días.
Una campaña que aún debe transformar potencial en resultados
El panorama triguero de la región núcleo combina indicadores productivos alentadores con riesgos sanitarios, climáticos y comerciales. Las 500 espigas por metro cuadrado detectadas en el sur de Santa Fe refuerzan la expectativa de rindes superiores a los promedios, pero no alcanzan por sí solas para garantizar una cosecha excepcional.
El fusarium obliga a extremar la atención sobre las espigas, las heladas exigen evaluar posibles pérdidas y el mercado internacional puede modificar las expectativas de ingreso. A su vez, las diferencias entre campo propio y alquilado recuerdan que el rendimiento no es el único factor que define el resultado de una empresa agropecuaria.
La campaña entra así en una etapa decisiva: el desafío será convertir el potencial que muestran los lotes en granos cosechados, con calidad comercial y márgenes que permitan sostener la rentabilidad.
