Alerta en el norte santafesino: cómo anticiparse a la crecida para salvar hacienda

Con los pronósticos climáticos en el centro de la preocupación, la planificación puede marcar la diferencia entre atravesar la emergencia o sufrir un fuerte impacto productivo

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Resumen Ejecutivo

  • El INTA Reconquista advierte sobre el impacto de la crecida de los ríos y las precipitaciones en el norte santafesino, exigiendo monitoreo constante y traslados preventivos de hacienda.
  • Especialistas recomiendan planificar la alimentación del rodeo priorizando reservas de alta calidad para categorías sensibles como terneros, vaquillonas y vacas en lactancia.
  • La acumulación de barro y humedad eleva los riesgos sanitarios, haciendo fundamental reforzar los controles veterinarios y la prevención de enfermedades como leptospirosis y carbunclo.

La situación hídrica en el norte santafesino exige extremar las precauciones en los establecimientos ganaderos. La creciente de los ríos, el anegamiento de las zonas de islas y las precipitaciones persistentes reducen la superficie disponible para el pastoreo y complican el acceso al alimento, en un escenario que demanda decisiones rápidas para resguardar los rodeos.

Frente a este panorama, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Reconquista remarcan la importancia de monitorear la evolución de los niveles de agua y los pronósticos climáticos, planificar los movimientos de hacienda y revisar las condiciones de infraestructura de cada establecimiento.

El objetivo es evitar que el avance del agua encuentre a los productores sin alternativas para trasladar los animales hacia sectores seguros, con disponibilidad de alimento, agua de bebida y superficies secas para el descanso.

La advertencia cobra especial importancia en las áreas bajas e inundables del norte provincial, donde las dificultades para movilizar la hacienda pueden agravarse cuando los caminos rurales quedan anegados o pierden transitabilidad.

Crecida de los ríos: sacar la hacienda a tiempo es clave

Uno de los principales puntos señalados por el INTA es la necesidad de seguir diariamente la evolución de los cursos de agua y consultar los registros hidrométricos y los pronósticos del Instituto Nacional del Agua (INA).

Esta información permite anticipar posibles crecidas y organizar los traslados antes de que las condiciones del terreno dificulten las maniobras.

En cada campo, los productores deben identificar los potreros que todavía pueden utilizarse, verificar el estado de los alambrados y las instalaciones y determinar qué sectores pueden recibir animales de manera segura.

También resulta fundamental contar con lugares elevados, con buen drenaje y espacio suficiente para que la hacienda pueda permanecer sin quedar expuesta al barro y al anegamiento.

La planificación debe contemplar, además, los accesos para camiones y el personal necesario para realizar los movimientos. Esperar hasta que el agua avance demasiado puede encarecer la logística y reducir las posibilidades de una evacuación ordenada.

En las zonas de islas y en los establecimientos próximos a los ríos, la prevención adquiere un valor estratégico: el traslado anticipado permite disminuir la exposición del rodeo a las inundaciones y evitar pérdidas de animales.

Alimentación bajo presión: cómo administrar las reservas

El exceso de humedad también compromete la disponibilidad de pasto y obliga a reorganizar la alimentación. Cuando disminuyen las superficies de pastoreo, administrar correctamente las reservas forrajeras se vuelve indispensable para sostener el estado corporal y la productividad del rodeo.

Erika Bieri, del área de Ganadería del INTA Reconquista, recomienda distribuir los recursos alimenticios según su calidad y los requerimientos nutricionales de cada categoría.

En este esquema, los pastizales diferidos y las pasturas perennes pueden destinarse a animales con menores necesidades nutricionales. En cambio, los rollos de alfalfa y los silajes de maíz o sorgo deben reservarse para las categorías más exigentes, como terneros destetados, animales en recría, vaquillonas próximas al parto y vacas en lactancia.

La ubicación de los puntos de alimentación también requiere atención. Los técnicos aconsejan rotar los lugares donde se suministra el alimento, colocar los rollos en sectores elevados o con buen drenaje y evitar que los animales se concentren excesivamente alrededor de las aguadas.

Estas medidas ayudan a reducir la acumulación de barro, el deterioro de los potreros y las pérdidas de alimento por humedad.

Priorizar las categorías más sensibles

Cuando la superficie disponible se reduce y los recursos comienzan a escasear, es necesario establecer prioridades dentro del rodeo.

Las vacas paridas, los terneros y las vaquillonas de reposición requieren especial atención, de acuerdo con su estado y sus necesidades productivas.

Según las condiciones particulares de cada establecimiento, también puede ser necesario evaluar medidas como el destete precoz o la venta de animales menos eficientes, novillitos y vaquillas, para disminuir la presión sobre los recursos disponibles.

Estas decisiones deben analizarse en función de la situación del campo, la disponibilidad de alimento, la capacidad de traslado y las perspectivas productivas y comerciales.

La clave es actuar antes de que el deterioro de las condiciones limite las alternativas de manejo.

El riesgo sanitario aumenta con el barro y la humedad

La prevención no termina con el traslado de la hacienda o la reorganización de la dieta. Los ambientes húmedos, el barro y la concentración de animales en superficies reducidas también elevan los riesgos sanitarios.

Por eso, los especialistas recomiendan observar diariamente el comportamiento de los animales y prestar atención a señales como falta de apetito, debilidad, cambios de conducta o rengueras.

Los problemas podales y enfermedades como la leptospirosis y el carbunclo requieren especial vigilancia. Ante cualquier sospecha, se debe consultar al veterinario y dar aviso al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), cuando corresponda.

Además, es importante garantizar el acceso a agua de bebida segura, revisar las instalaciones y verificar que el plan sanitario y las vacunaciones estén al día.

En situaciones de encierre, el manejo debe contemplar espacio suficiente, sectores secos para el descanso, acceso adecuado a comederos y agua, y una alimentación que evite cambios bruscos en la dieta.

Los pronósticos obligan a mirar más allá de la emergencia

En el norte de Santa Fe, donde la actividad ganadera convive con ambientes bajos y áreas sujetas a las fluctuaciones de los ríos, el seguimiento de los pronósticos climáticos debe formar parte de la planificación cotidiana.

Las decisiones no pueden limitarse a responder cuando el agua ya ingresó a los campos. Es necesario prever escenarios, identificar alternativas para el movimiento de animales y asegurar reservas que permitan sostener la alimentación si el pastoreo se vuelve limitado.

En ese contexto, la coordinación entre productores, técnicos y organismos vinculados con la actividad resulta fundamental para facilitar los traslados y reducir los riesgos.

Una vez que mejoren las condiciones, también será necesario evaluar el estado corporal de los animales y permitir que los potreros se recuperen antes de retomar un uso intensivo.

Prevenir hoy para reducir las pérdidas de mañana

La advertencia del INTA Reconquista deja un mensaje central para la ganadería del norte santafesino: anticiparse es una de las herramientas más importantes para atravesar los excesos hídricos.

Monitorear los ríos, seguir los pronósticos, identificar campos altos, organizar los traslados, cuidar las reservas forrajeras y reforzar los controles sanitarios son medidas que pueden contribuir a preservar la hacienda y sostener la producción.

Ante la posibilidad de nuevas lluvias y el avance de las crecidas, cada establecimiento debe evaluar su situación particular y preparar alternativas antes de que las condiciones se vuelvan críticas.

En un escenario de incertidumbre climática, resguardar el rodeo no es solamente una respuesta ante la emergencia: es una decisión preventiva para proteger el capital productivo y reducir el impacto económico sobre los sistemas ganaderos.

La situación hídrica en el norte santafesino exige extremar las precauciones en los establecimientos ganaderos. La creciente de los ríos, el anegamiento de las zonas de islas y las precipitaciones persistentes reducen la superficie disponible para el pastoreo y complican el acceso al alimento, en un escenario que demanda decisiones rápidas para resguardar los rodeos.

Frente a este panorama, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Reconquista remarcan la importancia de monitorear la evolución de los niveles de agua y los pronósticos climáticos, planificar los movimientos de hacienda y revisar las condiciones de infraestructura de cada establecimiento.

El objetivo es evitar que el avance del agua encuentre a los productores sin alternativas para trasladar los animales hacia sectores seguros, con disponibilidad de alimento, agua de bebida y superficies secas para el descanso.

La advertencia cobra especial importancia en las áreas bajas e inundables del norte provincial, donde las dificultades para movilizar la hacienda pueden agravarse cuando los caminos rurales quedan anegados o pierden transitabilidad.

Crecida de los ríos: sacar la hacienda a tiempo es clave

Uno de los principales puntos señalados por el INTA es la necesidad de seguir diariamente la evolución de los cursos de agua y consultar los registros hidrométricos y los pronósticos del Instituto Nacional del Agua (INA).

Esta información permite anticipar posibles crecidas y organizar los traslados antes de que las condiciones del terreno dificulten las maniobras.

En cada campo, los productores deben identificar los potreros que todavía pueden utilizarse, verificar el estado de los alambrados y las instalaciones y determinar qué sectores pueden recibir animales de manera segura.

También resulta fundamental contar con lugares elevados, con buen drenaje y espacio suficiente para que la hacienda pueda permanecer sin quedar expuesta al barro y al anegamiento.

La planificación debe contemplar, además, los accesos para camiones y el personal necesario para realizar los movimientos. Esperar hasta que el agua avance demasiado puede encarecer la logística y reducir las posibilidades de una evacuación ordenada.

En las zonas de islas y en los establecimientos próximos a los ríos, la prevención adquiere un valor estratégico: el traslado anticipado permite disminuir la exposición del rodeo a las inundaciones y evitar pérdidas de animales.

Alimentación bajo presión: cómo administrar las reservas 

El exceso de humedad también compromete la disponibilidad de pasto y obliga a reorganizar la alimentación. Cuando disminuyen las superficies de pastoreo, administrar correctamente las reservas forrajeras se vuelve indispensable para sostener el estado corporal y la productividad del rodeo.

Erika Bieri, del área de Ganadería del INTA Reconquista, recomienda distribuir los recursos alimenticios según su calidad y los requerimientos nutricionales de cada categoría.

En este esquema, los pastizales diferidos y las pasturas perennes pueden destinarse a animales con menores necesidades nutricionales. En cambio, los rollos de alfalfa y los silajes de maíz o sorgo deben reservarse para las categorías más exigentes, como terneros destetados, animales en recría, vaquillonas próximas al parto y vacas en lactancia.

La ubicación de los puntos de alimentación también requiere atención. Los técnicos aconsejan rotar los lugares donde se suministra el alimento, colocar los rollos en sectores elevados o con buen drenaje y evitar que los animales se concentren excesivamente alrededor de las aguadas.

Estas medidas ayudan a reducir la acumulación de barro, el deterioro de los potreros y las pérdidas de alimento por humedad.

Priorizar las categorías más sensibles

Cuando la superficie disponible se reduce y los recursos comienzan a escasear, es necesario establecer prioridades dentro del rodeo.

Las vacas paridas, los terneros y las vaquillonas de reposición requieren especial atención, de acuerdo con su estado y sus necesidades productivas.

Según las condiciones particulares de cada establecimiento, también puede ser necesario evaluar medidas como el destete precoz o la venta de animales menos eficientes, novillitos y vaquillas, para disminuir la presión sobre los recursos disponibles.

Estas decisiones deben analizarse en función de la situación del campo, la disponibilidad de alimento, la capacidad de traslado y las perspectivas productivas y comerciales.

La clave es actuar antes de que el deterioro de las condiciones limite las alternativas de manejo.

El riesgo sanitario aumenta con el barro y la humedad

La prevención no termina con el traslado de la hacienda o la reorganización de la dieta. Los ambientes húmedos, el barro y la concentración de animales en superficies reducidas también elevan los riesgos sanitarios.

Por eso, los especialistas recomiendan observar diariamente el comportamiento de los animales y prestar atención a señales como falta de apetito, debilidad, cambios de conducta o rengueras.

Los problemas podales y enfermedades como la leptospirosis y el carbunclo requieren especial vigilancia. Ante cualquier sospecha, se debe consultar al veterinario y dar aviso al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), cuando corresponda.

Además, es importante garantizar el acceso a agua de bebida segura, revisar las instalaciones y verificar que el plan sanitario y las vacunaciones estén al día.

En situaciones de encierre, el manejo debe contemplar espacio suficiente, sectores secos para el descanso, acceso adecuado a comederos y agua, y una alimentación que evite cambios bruscos en la dieta.

Los pronósticos obligan a mirar más allá de la emergencia

En el norte de Santa Fe, donde la actividad ganadera convive con ambientes bajos y áreas sujetas a las fluctuaciones de los ríos, el seguimiento de los pronósticos climáticos debe formar parte de la planificación cotidiana.

Las decisiones no pueden limitarse a responder cuando el agua ya ingresó a los campos. Es necesario prever escenarios, identificar alternativas para el movimiento de animales y asegurar reservas que permitan sostener la alimentación si el pastoreo se vuelve limitado.

En ese contexto, la coordinación entre productores, técnicos y organismos vinculados con la actividad resulta fundamental para facilitar los traslados y reducir los riesgos.

Una vez que mejoren las condiciones, también será necesario evaluar el estado corporal de los animales y permitir que los potreros se recuperen antes de retomar un uso intensivo.

Prevenir hoy para reducir las pérdidas de mañana

La advertencia del INTA Reconquista deja un mensaje central para la ganadería del norte santafesino: anticiparse es una de las herramientas más importantes para atravesar los excesos hídricos.

Monitorear los ríos, seguir los pronósticos, identificar campos altos, organizar los traslados, cuidar las reservas forrajeras y reforzar los controles sanitarios son medidas que pueden contribuir a preservar la hacienda y sostener la producción.

Ante la posibilidad de nuevas lluvias y el avance de las crecidas, cada establecimiento debe evaluar su situación particular y preparar alternativas antes de que las condiciones se vuelvan críticas.

En un escenario de incertidumbre climática, resguardar el rodeo no es solamente una respuesta ante la emergencia: es una decisión preventiva para proteger el capital productivo y reducir el impacto económico sobre los sistemas ganaderos.

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