El negocio de mover ciudades sin nafta que ya factura miles de millones y empieza a probarse en Rosario

Este 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial Sin Auto y detrás del gesto simbólico de dejar el coche en casa crece una economía real: fabricantes de bicicletas eléctricas, sistemas de bicicletas públicas y ciudades que rediseñan sus calles para que caminar y pedalear generen más ventas que estacionar

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Cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial Sin Auto, una fecha que nació en ciudades europeas en 1994 y quedó fija en el calendario global desde 2000. Lo que arrancó como un gesto simbólico hoy mueve una industria entera.

Este año, la Semana Europea de la Movilidad se extendió del 16 al 22 de septiembre bajo el lema "Movilidad para Todos" y culminó, como cada edición, en la jornada sin coches. Miles de ciudades cortan calles y liberan el transporte público por un día.

Detrás del símbolo hay negocio real. El mercado global de scooters eléctricos pasaría de unos 24.000 millones de dólares en 2026 a más de 62.000 millones hacia 2034, con un crecimiento anual cercano al 13%, según la consultora Fortune Business Insights.

La micromovilidad —bicicletas y monopatines eléctricos, motos chicas, sistemas de alquiler compartido— ya no es un capricho urbano. Es una industria que fabrica vehículos, financia flotas, cobra suscripciones y necesita seguros, talleres y repuestos.

En Argentina esa industria ya tiene fábrica propia. Prestige Auto ensambla en Virrey del Pino su E-Bike MTB R29, con motor de 350W y batería de litio, más del 50% de piezas provistas por proveedores argentinos y un precio cercano a los 1.850 dólares.

No es un dato menor para quienes venimos discutiendo hace años cómo sustituir importaciones y agregar valor local en la región. Fabricar movilidad liviana puede ser más accesible que fabricar autos completos, y la demanda mundial está en expansión.

Rosario, además, ya viene corriendo esta carrera sin esperar la efeméride. El sistema público Mi Bici Tu Bici conecta los seis distritos de la ciudad y avanza en su cuarta etapa de expansión, con el objetivo de llegar a 102 estaciones.

Cada estación nueva es, en los hechos, un pequeño nodo de infraestructura que alguien construye, mantiene y factura. Detrás de la bicicleta pública hay proveedores de anclajes, de mantenimiento y de software de gestión del sistema.

A eso se suma el Metrobús sobre avenida Alberdi, que reordenó el tránsito con carriles exclusivos para el transporte público. Menos autos circulando en el centro no es sólo una promesa ambiental: también cambia qué negocios conviene abrir y dónde.

Un estudio del MIT y la Universidad de Tokio, liderado por el investigador Yuji Yoshimura, encontró que a mayor cantidad de peatones en una calle, mayor es el volumen de ventas de los comercios instalados allí, sin importar el rubro.

En España, otro relevamiento de la Universidad Politécnica de Madrid calculó que el comercio puede crecer hasta un 20% en las zonas donde se peatonaliza una calle o se le quita espacio al auto particular.

Ese dato importa especialmente si sostenemos una flota propia para repartir. El combustible, la patente, el seguro y el mantenimiento vienen siendo, para no pocas pymes, una de las líneas más pesadas del presupuesto operativo.

Reemplazar parte de esos viajes cortos por bicicletas de reparto, motos eléctricas o convenios de alquiler compartido puede bajar ese costo fijo sin resignar capacidad de entrega, sobre todo en el radio céntrico de una ciudad mediana como Rosario.

El sector inmobiliario también empieza a mirar el fenómeno. En ciudades donde avanza la carrera por electrificar el transporte, los locales sobre calles con buena conexión peatonal y ciclista ganan valor frente a los que dependen del auto y la playa de estacionamiento.

La infraestructura de carga también entra en la ecuación. En Santa Fe ya se debate si la EPE puede convertirse en la proveedora eléctrica detrás de una futura red de electrolineras, un negocio hoy casi vacante en la región.

El ahorro energético que promete la electrificación del transporte, liviano y pesado, es otro capítulo del mismo negocio: menos gasto en combustible y más demanda de generación eléctrica local, algo que ya viene bajo la lupa en Santa Fe.

Las aseguradoras, por su parte, ya diseñan pólizas específicas para bicicletas y monopatines eléctricos, un segmento que hasta hace poco no existía como categoría propia y que crece al ritmo de las ventas de estos vehículos.

Ninguna ciudad va a quedarse sin autos de un día para el otro. Pero cada 22 de septiembre el mundo repasa, calle por calle, cuánto negocio nuevo puede nacer de mover personas y mercadería sin depender de un solo tanque de nafta.

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