Resumen Ejecutivo
- El Gobierno ratificó su alianza con el agro durante el 160° aniversario de la SRA, destacando reducciones arancelarias y la apertura de 226 mercados internacionales.
- Las exportaciones agroindustriales superaron los USD 43.000 millones a septiembre de 2026, un 13% más que en el mismo período de 2025.
- Cancillería amplió la cobertura de acuerdos comerciales del 10% al 30% del producto mundial, proyectando alcanzar el 50% en el mediano plazo.
- El sector retomó exportaciones de biodiésel por 250.000 toneladas a la UE tras frenar reclamos ambientales y avanza en mecanismos de trazabilidad como el Sello de Triple Impacto.
El Gobierno nacional volvió a colocar al campo en el centro de su estrategia económica y de inserción internacional. Con mensajes que apuntaron en una misma dirección, Luis Caputo y Pablo Quirno aprovecharon el encuentro organizado por la Sociedad Rural Argentina (SRA), en el marco de su 160° aniversario, para ratificar la apuesta oficial por la producción agropecuaria, la apertura de mercados y el crecimiento de las exportaciones.
Aunque desde distintas áreas, los dos funcionarios coincidieron en una premisa: la Argentina tiene en el agro una de sus principales fortalezas y necesita aprovechar su capacidad productiva para generar divisas, ampliar su presencia internacional y consolidar la recuperación económica.
El ministro de Economía puso el acento en las medidas implementadas para reducir la carga sobre la producción y mejorar las condiciones de competitividad. El canciller, en tanto, planteó que el desafío es transformar ese potencial productivo en mayores oportunidades comerciales y defender los intereses argentinos en las negociaciones internacionales.
Caputo: “Hoy con el campo somos un equipo fuerte”
Durante su exposición, Caputo defendió la continuidad del programa económico del presidente Javier Milei y sostuvo que el rumbo fiscal y monetario debe mantenerse para consolidar los resultados alcanzados.
“Tenemos que purgar nuestro pasado y la única persona que garantiza ese rumbo es Javier Milei”, afirmó el ministro, quien también advirtió sobre la necesidad de no dar por sentado el equilibrio fiscal y sostener las políticas implementadas.
Pero uno de los pasajes centrales de su discurso estuvo dedicado al vínculo con el sector agropecuario.
“Hoy con el campo somos un equipo fuerte. Ustedes valoran el esfuerzo que hemos hecho hacia el campo y nosotros valoramos su respuesta”, expresó.
Para respaldar esa definición, enumeró las medidas que el Gobierno adoptó desde el inicio de su gestión: reducción de aranceles para agroquímicos y fertilizantes, eliminación de derechos de exportación para la lechería, los porcinos y las economías regionales, y rebajas de retenciones para la carne, la soja, el maíz y el girasol.
También destacó la eliminación de restricciones a las exportaciones, la posibilidad de importar maquinaria usada y la apertura de 226 mercados internacionales.
En materia de resultados, Caputo señaló que la superficie sembrada creció de 41,7 millones a aproximadamente 44,5 millones de hectáreas. Además, mencionó los récords de exportaciones agroindustriales y bovinas, y los resultados productivos del trigo, el maíz y el girasol.
En su visión, la reducción de las intervenciones estatales permitió liberar capacidad de crecimiento del sector privado. “Cuando el Estado les saca el pie de encima, el sector privado se desarrolla, crece y da los resultados que al final favorecen a todos los argentinos”, sostuvo.
Quirno: el desafío de convertir la producción en nuevos negocios
Desde la perspectiva de las relaciones exteriores, Pablo Quirno planteó que el desafío del Gobierno es ampliar las oportunidades para los productos argentinos y fortalecer la posición del país en el comercio internacional.
“Como canciller, tengo la convicción de que para negociar bien afuera, primero hay que conocer las necesidades del sector”, afirmó.
El funcionario destacó que la Argentina reúne tres activos estratégicos para el escenario internacional: alimentos, energía y minerales críticos. En ese esquema, definió al sector agroalimentario como un proveedor de escala mundial en un contexto en el que la seguridad alimentaria gana protagonismo en las relaciones comerciales y geopolíticas.
Uno de los datos centrales de su presentación fue la ampliación de la cobertura de los acuerdos comerciales argentinos. Según explicó, en diciembre de 2023 los instrumentos comerciales vigentes alcanzaban economías que representaban apenas el 10% del producto mundial. Con los acuerdos con la Unión Europea, EFTA y Singapur, esa cobertura se elevó a cerca del 30%.
La meta oficial es alcanzar el 50% en el mediano plazo y avanzar hacia el 80% durante un próximo mandato presidencial.
En materia agroindustrial, Quirno destacó la eliminación del arancel del 20% para la carne comprendida en la Cuota Hilton en el mercado europeo, las negociaciones para ampliar los contingentes de exportación del Mercosur y la duplicación del cupo preferencial de carne bovina hacia Estados Unidos.
También informó que entre 2024 y octubre de 2026 se concretaron 541 aperturas y reaperturas agroindustriales, mientras que las exportaciones agroindustriales superaron los 43.000 millones de dólares entre enero y septiembre, un 13% más que en igual período de 2025.
Biodiésel, trazabilidad y nuevas barreras: la otra batalla del agro
La apertura comercial, sin embargo, no se limita a conseguir nuevos compradores. También implica defender el acceso a mercados que imponen exigencias ambientales, sanitarias y comerciales cada vez más complejas.
En ese sentido, Quirno se refirió especialmente a las negociaciones con la Unión Europea por el biodiésel argentino y al Reglamento Europeo sobre Deforestación (EUDR).
Sobre el biodiésel, destacó las gestiones diplomáticas realizadas frente a la propuesta europea de clasificar a la soja como materia prima de alto riesgo por cambio indirecto del uso del suelo. Según explicó, el rechazo de esa iniciativa por parte del Parlamento Europeo permitió que las empresas argentinas retomaran contratos de exportación por aproximadamente 250.000 toneladas desde julio.
“Defender una venta argentina es defender el derecho de ustedes a competir”, señaló.
También destacó el trabajo conjunto entre Cancillería, la Secretaría de Agricultura y las entidades del sector para defender las condiciones de acceso de las exportaciones nacionales y promover el reconocimiento de los mecanismos argentinos de trazabilidad y certificación.
En ese contexto, hizo una mención especial al Sello de Triple Impacto de la Sociedad Rural Argentina, que reconoce buenas prácticas agropecuarias, bienestar animal y mejoras verificables en los establecimientos.
El planteo del canciller fue que las exigencias ambientales deben tener fundamentos científicos y técnicos verificables y no convertirse en nuevas barreras que limiten la competitividad de los productores.
Dos ministerios, una misma apuesta: el campo como generador de dólares
Las exposiciones de Caputo y Quirno dejaron una coincidencia clara: el Gobierno pretende que el crecimiento agropecuario sea uno de los pilares de su estrategia económica.
La hoja de ruta que describieron combina dos dimensiones. Por un lado, la búsqueda de mejores condiciones internas para producir, mediante la reducción de impuestos, aranceles y restricciones. Por otro, una política de apertura comercial orientada a ampliar destinos, mejorar las condiciones de acceso y defender las exportaciones frente a las regulaciones internacionales.
La diferencia está en el frente desde el que cada funcionario aborda el desafío. Economía pone el foco en la estabilidad macroeconómica y en las condiciones para invertir y producir. Cancillería busca transformar esa capacidad productiva en acuerdos, mercados y oportunidades comerciales.
Para el productor, el interrogante pasa por cuánto de esa estrategia se traducirá en una mejora concreta de la rentabilidad y la competitividad. La reducción de retenciones y otras cargas aparece como uno de los reclamos históricos del sector, mientras que la apertura de mercados ofrece oportunidades que dependen también de los precios internacionales, los costos internos y las condiciones de acceso.
En el marco de los 160 años de la Sociedad Rural Argentina, el mensaje oficial fue coincidente: el campo es considerado un socio estratégico para el crecimiento del país. Ahora, el desafío será convertir las medidas anunciadas, los acuerdos comerciales y las oportunidades de exportación en resultados sostenibles para toda la cadena agroindustrial.
El Gobierno nacional volvió a colocar al campo en el centro de su estrategia económica y de inserción internacional. Con mensajes que apuntaron en una misma dirección, Luis Caputo y Pablo Quirno aprovecharon el encuentro organizado por la Sociedad Rural Argentina (SRA), en el marco de su 160° aniversario, para ratificar la apuesta oficial por la producción agropecuaria, la apertura de mercados y el crecimiento de las exportaciones.
Aunque desde distintas áreas, los dos funcionarios coincidieron en una premisa: la Argentina tiene en el agro una de sus principales fortalezas y necesita aprovechar su capacidad productiva para generar divisas, ampliar su presencia internacional y consolidar la recuperación económica.
El ministro de Economía puso el acento en las medidas implementadas para reducir la carga sobre la producción y mejorar las condiciones de competitividad. El canciller, en tanto, planteó que el desafío es transformar ese potencial productivo en mayores oportunidades comerciales y defender los intereses argentinos en las negociaciones internacionales.
Caputo: “Hoy con el campo somos un equipo fuerte”
Durante su exposición, Caputo defendió la continuidad del programa económico del presidente Javier Milei y sostuvo que el rumbo fiscal y monetario debe mantenerse para consolidar los resultados alcanzados.
“Tenemos que purgar nuestro pasado y la única persona que garantiza ese rumbo es Javier Milei”, afirmó el ministro, quien también advirtió sobre la necesidad de no dar por sentado el equilibrio fiscal y sostener las políticas implementadas.
Pero uno de los pasajes centrales de su discurso estuvo dedicado al vínculo con el sector agropecuario.
“Hoy con el campo somos un equipo fuerte. Ustedes valoran el esfuerzo que hemos hecho hacia el campo y nosotros valoramos su respuesta”, expresó.
Para respaldar esa definición, enumeró las medidas que el Gobierno adoptó desde el inicio de su gestión: reducción de aranceles para agroquímicos y fertilizantes, eliminación de derechos de exportación para la lechería, los porcinos y las economías regionales, y rebajas de retenciones para la carne, la soja, el maíz y el girasol.
También destacó la eliminación de restricciones a las exportaciones, la posibilidad de importar maquinaria usada y la apertura de 226 mercados internacionales.
En materia de resultados, Caputo señaló que la superficie sembrada creció de 41,7 millones a aproximadamente 44,5 millones de hectáreas. Además, mencionó los récords de exportaciones agroindustriales y bovinas, y los resultados productivos del trigo, el maíz y el girasol.
En su visión, la reducción de las intervenciones estatales permitió liberar capacidad de crecimiento del sector privado. “Cuando el Estado les saca el pie de encima, el sector privado se desarrolla, crece y da los resultados que al final favorecen a todos los argentinos”, sostuvo.
Quirno: el desafío de convertir la producción en nuevos negocios
Desde la perspectiva de las relaciones exteriores, Pablo Quirno planteó que el desafío del Gobierno es ampliar las oportunidades para los productos argentinos y fortalecer la posición del país en el comercio internacional.
“Como canciller, tengo la convicción de que para negociar bien afuera, primero hay que conocer las necesidades del sector”, afirmó.
El funcionario destacó que la Argentina reúne tres activos estratégicos para el escenario internacional: alimentos, energía y minerales críticos. En ese esquema, definió al sector agroalimentario como un proveedor de escala mundial en un contexto en el que la seguridad alimentaria gana protagonismo en las relaciones comerciales y geopolíticas.
Uno de los datos centrales de su presentación fue la ampliación de la cobertura de los acuerdos comerciales argentinos. Según explicó, en diciembre de 2023 los instrumentos comerciales vigentes alcanzaban economías que representaban apenas el 10% del producto mundial. Con los acuerdos con la Unión Europea, EFTA y Singapur, esa cobertura se elevó a cerca del 30%.
La meta oficial es alcanzar el 50% en el mediano plazo y avanzar hacia el 80% durante un próximo mandato presidencial.
En materia agroindustrial, Quirno destacó la eliminación del arancel del 20% para la carne comprendida en la Cuota Hilton en el mercado europeo, las negociaciones para ampliar los contingentes de exportación del Mercosur y la duplicación del cupo preferencial de carne bovina hacia Estados Unidos.
También informó que entre 2024 y octubre de 2026 se concretaron 541 aperturas y reaperturas agroindustriales, mientras que las exportaciones agroindustriales superaron los 43.000 millones de dólares entre enero y septiembre, un 13% más que en igual período de 2025.
Biodiesel, trazabilidad y nuevas barreras: la otra batalla del agro
La apertura comercial, sin embargo, no se limita a conseguir nuevos compradores. También implica defender el acceso a mercados que imponen exigencias ambientales, sanitarias y comerciales cada vez más complejas.
En ese sentido, Quirno se refirió especialmente a las negociaciones con la Unión Europea por el biodiésel argentino y al Reglamento Europeo sobre Deforestación (EUDR).
Sobre el biodiésel, destacó las gestiones diplomáticas realizadas frente a la propuesta europea de clasificar a la soja como materia prima de alto riesgo por cambio indirecto del uso del suelo. Según explicó, el rechazo de esa iniciativa por parte del Parlamento Europeo permitió que las empresas argentinas retomaran contratos de exportación por aproximadamente 250.000 toneladas desde julio.
“Defender una venta argentina es defender el derecho de ustedes a competir”, señaló.
También destacó el trabajo conjunto entre Cancillería, la Secretaría de Agricultura y las entidades del sector para defender las condiciones de acceso de las exportaciones nacionales y promover el reconocimiento de los mecanismos argentinos de trazabilidad y certificación.
En ese contexto, hizo una mención especial al Sello de Triple Impacto de la Sociedad Rural Argentina, que reconoce buenas prácticas agropecuarias, bienestar animal y mejoras verificables en los establecimientos.
El planteo del canciller fue que las exigencias ambientales deben tener fundamentos científicos y técnicos verificables y no convertirse en nuevas barreras que limiten la competitividad de los productores.
Dos ministerios, una apuesta: el campo como generador de dólares
Las exposiciones de Caputo y Quirno dejaron una coincidencia clara: el Gobierno pretende que el crecimiento agropecuario sea uno de los pilares de su estrategia económica.
La hoja de ruta que describieron combina dos dimensiones. Por un lado, la búsqueda de mejores condiciones internas para producir, mediante la reducción de impuestos, aranceles y restricciones. Por otro, una política de apertura comercial orientada a ampliar destinos, mejorar las condiciones de acceso y defender las exportaciones frente a las regulaciones internacionales.
La diferencia está en el frente desde el que cada funcionario aborda el desafío. Economía pone el foco en la estabilidad macroeconómica y en las condiciones para invertir y producir. Cancillería busca transformar esa capacidad productiva en acuerdos, mercados y oportunidades comerciales.
Para el productor, el interrogante pasa por cuánto de esa estrategia se traducirá en una mejora concreta de la rentabilidad y la competitividad. La reducción de retenciones y otras cargas aparece como uno de los reclamos históricos del sector, mientras que la apertura de mercados ofrece oportunidades que dependen también de los precios internacionales, los costos internos y las condiciones de acceso.
En el marco de los 160 años de la Sociedad Rural Argentina, el mensaje oficial fue coincidente: el campo es considerado un socio estratégico para el crecimiento del país. Ahora, el desafío será convertir las medidas anunciadas, los acuerdos comerciales y las oportunidades de exportación en resultados sostenibles para toda la cadena agroindustrial.
