El activo oculto del suelo pampeano que revoluciona los negocios del agro regional

La valoración del capital natural geológico transforma la medición de activos agrícolas y abre oportunidades de negocios minerales en la región

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Hoy se celebra el Día Internacional de la Geodiversidad, una fecha proclamada por la UNESCO en 2021 y celebrada por primera vez en 2022. Casi nadie la conoce, pero toca la base física de buena parte de los negocios de esta región.

La geodiversidad es la variedad de rocas, suelos, minerales, relieves y procesos geológicos de un territorio. Es la hermana menos famosa de la biodiversidad, aunque la sostiene: sin suelos ni minerales no hay ecosistemas ni cultivos posibles.

Durante décadas quedó afuera de los balances empresariales. Pero las finanzas empezaron a mirarla distinto. El capital natural —el valor económico de los recursos geológicos y biológicos— ya aparece en reportes de sustentabilidad corporativa.

Marcos como el TNFD (Taskforce on Nature-related Financial Disclosures) exigen a grandes empresas declarar qué tan expuestos están sus negocios a la pérdida de recursos naturales, incluidos los geológicos. Lo que antes era gratis empieza a tener precio.

Para la zona núcleo, el vínculo no es abstracto. Buena parte de la potencia agroexportadora descansa sobre una geodiversidad muy particular: suelos profundos, fértiles y bien drenados que explican por qué acá rinde más soja por hectárea que en gran parte del planeta.

Esa ventaja silenciosa empieza a tener compañía desde otro frente geológico. El avance de la minería que empieza a mirar a Santa Fe como plataforma logística suma litio, cobre y otros minerales a una matriz productiva que fue casi siempre agrícola.

No es casualidad que proveedores de maquinaria busquen combinar ambos negocios. La estrategia que une minería y agroindustria en el cordón industrial de Rosario muestra que un mismo puerto puede servir a dos geologías distintas.

El fenómeno tiene un correlato financiero cada vez más visible. Hay activos naturales que nunca tuvieron precio de mercado y ya cotizan en esquemas de mercados verdes, y la geodiversidad podría seguir ese mismo camino.

Ese criterio también aplica puertas adentro de una pyme. Quien exporta commodities agrícolas depende de napas, drenajes y composición química del suelo tanto como de la cotización de la soja en Chicago.

Si ese activo se degrada, el negocio se degrada con él. La erosión, la salinización y la pérdida de materia orgánica no son solo problemas ambientales: son pérdida de capital productivo medible en toneladas futuras.

Las crecidas del Paraná entran en la misma lectura. Cada inundación reconfigura napas, sedimentos y disponibilidad de agua dulce, con efectos directos sobre la ganadería, la logística portuaria y los seguros agropecuarios de la región.

Ahí aparece una oportunidad poco explorada: los seguros paramétricos basados en datos geológicos y climáticos, que pagan automáticamente ante ciertos umbrales medidos, sin esperar peritajes largos y costosos.

El geoturismo es otra veta todavía subutilizada. Rutas que expliquen la formación del relieve pampeano o la historia geológica del río podrían sumarle una propuesta diferencial al turismo rural que ya mueve buena parte de la economía de los pueblos de la región.

También hay una dimensión de marca. Denominaciones de origen ligadas a características geológicas específicas —un suelo, un microclima, una napa particular— pueden diferenciar un producto agroalimentario en mercados externos cada vez más atentos a la trazabilidad.

La contabilidad de capital natural avanza más rápido en Europa que en la región, pero las exigencias de trazabilidad que impone la Unión Europea ya empiezan a filtrarse hacia los exportadores locales de soja, carne y minerales.

Quien venda a esos mercados en los próximos años probablemente deba mostrar, con datos geológicos y ambientales concretos, de dónde sale lo que exporta y bajo qué condiciones se extrajo o se cultivó.

Falta, eso sí, un mapeo geológico más completo y accesible del territorio. Esa carencia es, al mismo tiempo, una limitación y una oportunidad concreta para startups de datos geoespaciales y agtech.

La geodiversidad que hoy se celebra en el calendario de Naciones Unidas es, en el fondo, el activo menos visible y más determinante de buena parte de los negocios que se hacen en esta zona del país.

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